El vecindario, un círculo que ha cambiado de función
Las relaciones de vecindad han retrocedido en las redes personales desde los años sesenta. Ese retroceso afecta sobre todo a un tipo de uso concreto.
Qué muestran las series
Las encuestas realizadas desde los años sesenta encuentran un descenso de la proporción de vecinos entre las relaciones citadas, más marcado en las zonas urbanas densas y en las categorías con más títulos académicos. El retroceso es relativo: otros círculos han ganado espacio, lo que no significa que las relaciones de vecindad hayan desaparecido.
El descenso afecta más a las relaciones de sociabilidad que a los intercambios de favores: recibir a un vecino en casa ha retrocedido más deprisa que pedirle que recoja el correo.
Las explicaciones propuestas
La movilidad residencial, el alargamiento de las distancias entre domicilio y trabajo y la difusión de medios de comunicación que permiten mantener vínculos lejanos han reducido la dependencia del vecindario inmediato.
El temor a una ciudad que disolvería los vínculos es antiguo. Louis Wirth sostenía en 1938 que el tamaño y la densidad urbanos volvían las relaciones superficiales y segmentadas, tesis que sirvió durante mucho tiempo de marco al estudio de los barrios.
Claude Fischer había propuesto ya en los años setenta la idea de que la urbanización no destruye las relaciones, sino que permite elegirlas en otra parte, tesis que sigue siendo la lectura dominante de estas series. Barry Wellman hablaba en 1979 de una comunidad «liberada» del espacio, dispersa pero muy real.
Qué sigue produciendo el vecindario
Los trabajos sobre la ayuda mutua de proximidad encuentran una función específica: el vecindario proporciona servicios que la distancia hace imposibles, guardar una llave, ayuda inmediata, vigilancia informal. Esos servicios tienen un valor práctico que la lejanía no sustituye, y circulan a menudo entre personas que no se tratan de otro modo.
Esa función no supone cercanía afectiva, lo que explica que subsista mientras las relaciones de sociabilidad retroceden. Ambas dimensiones evolucionan de forma independiente. Una vecina a la que apenas se saluda puede ser aquella a quien se confían las llaves durante las vacaciones.
El efecto de la composición
Los trabajos estadounidenses, en particular los de Robert Sampson y sus colegas sobre la eficacia colectiva, publicados en 1997, asocian ciertas características del barrio, como la confianza mutua y las expectativas compartidas, a la capacidad de intervención de los vecinos.
Esos análisis son ecológicos y su traslado al contexto francés es objeto de debate, ya que las configuraciones residenciales y las políticas de vivienda producen situaciones diferentes. Un mismo nivel de relaciones de vecindad puede así corresponder a realidades muy distintas según el tipo de hábitat.
Los límites de estas mediciones
La pregunta formulada sobre el vecindario varía mucho entre encuestas: conocer de vista, saludar, hacer un favor, recibir en casa no son lo mismo y producen series incomparables.
A ello se suma que la definición espacial del vecindario casi nunca es explícita, lo que deja que cada encuestado decida el perímetro sobre el que responde. Una serie larga que parece medir un declive puede, por tanto, medir en parte una pregunta cuyo sentido ha cambiado.
Para recordar
La proporción de vecinos entre las relaciones citadas ha retrocedido, sobre todo en sociabilidad.
Los intercambios de servicios de proximidad subsisten, con independencia de la proximidad afectiva.
Las encuestas no emplean la misma definición de vecindario, lo que hace poco comparables las series.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
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