Por qué la tasa de empleo es más informativa que la tasa de paro
La segunda es un cociente cuyo denominador se mueve. La primera relaciona el empleo con la población, lo que la hace menos sensible a los movimientos hacia la inactividad.
Dos cocientes distintos
La tasa de paro relaciona a los parados con la población activa, es decir, con las personas ocupadas o paradas. La tasa de empleo relaciona a las personas ocupadas con el conjunto de la población de la edad correspondiente.
El denominador de la primera varía con las entradas y salidas de la actividad, lo que produce movimientos de la tasa que no reflejan ningún cambio del empleo.
Para contar como parado hay que cumplir además tres condiciones fijadas por la Oficina Internacional del Trabajo: estar sin empleo, disponible en poco tiempo y en búsqueda activa. Quien no cumple alguna de ellas pasa a la inactividad, aunque desee trabajar.
El caso clásico
Cuando algunas personas dejan de buscar empleo, salen de la población activa. El número de parados baja, el denominador baja también, y la tasa de paro baja sin que se haya creado ningún empleo. El fenómeno se conoce como efecto desánimo.
La tasa de empleo, en cambio, no se mueve en esa situación, puesto que ni el numerador ni el denominador han cambiado. Es el argumento principal a favor de su uso conjunto. El movimiento inverso también existe: una recuperación puede hacer subir temporalmente la tasa de paro al devolver a la búsqueda de empleo a personas que la habían abandonado.
Los límites de la tasa de empleo
No distingue los tiempos completos de los parciales ni los empleos estables de los cortos. Un país puede mostrar una tasa de empleo alta con una proporción importante de tiempo parcial no deseado. Basta, en efecto, con haber trabajado al menos una hora durante la semana de referencia para contar como ocupado.
Los organismos estadísticos publican por ello también una tasa de empleo en equivalente a tiempo completo e indicadores de subempleo, que completan la lectura.
El papel de los límites de edad
Las tasas publicadas se refieren casi siempre a los de quince a sesenta y cuatro años o a los de veinticinco a cincuenta y cuatro. La elección del límite modifica mucho el nivel mostrado, según la duración de los estudios y la edad de jubilación. La estrategia europea adoptada en 2010 fijó así su objetivo sobre los de veinte a sesenta y cuatro años.
Las comparaciones entre países son, pues, especialmente sensibles a esa elección, lo que explica parte de las diferencias observadas entre publicaciones referidas a los mismos países. Un país donde los estudios son largos y rara vez se combinan con un empleo mostrará una tasa más baja en las edades jóvenes, sin que ello refleje una dificultad de inserción.
Qué hay que leer conjuntamente
Un diagnóstico sólido combina la tasa de empleo, la tasa de paro, el halo en torno al paro y la tasa de subempleo, que describen cuatro situaciones distintas.
Ninguno de esos indicadores se basta a sí mismo, y los comentarios que retienen solo uno producen con regularidad conclusiones que los otros tres contradicen.
Para recordar
El denominador de la tasa de paro varía con las entradas y salidas de la actividad.
El desánimo hace bajar la tasa de paro sin crear empleo; la tasa de empleo no se mueve.
La elección de los límites de edad modifica mucho el nivel mostrado de la tasa de empleo.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
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