Interrogar a un niño, lo que la pregunta hace a la respuesta
La manera de plantear una pregunta modifica lo que relata un niño pequeño, y eso vale tanto para la encuesta como para el testimonio. La investigación sobre la sugestionabilidad ha precisado en qué condiciones.
Una cuestión antigua
Alfred Binet publica en 1900 una obra titulada La Suggestibilité, en la que muestra que unos escolares modifican sus respuestas según la forma de las preguntas planteadas, en particular cuando presuponen un detalle ausente de lo que vieron.
El tema queda mucho tiempo en segundo plano. Vuelve al primero a partir de finales de los años ochenta, cuando unos casos judiciales estadounidenses basados en entrevistas repetidas con niños pequeños suscitan dudas sobre la manera en que se habían recogido los testimonios.
La síntesis de referencia
Stephen Ceci y Maggie Bruck publican en 1993 una revisión histórica y crítica de los trabajos disponibles. Concluye que los niños en edad preescolar son en promedio más sensibles a la sugestión que los niños mayores y los adultos, sin que estos estén exentos de ella.
La revisión insiste en un punto a menudo olvidado: los niños pequeños interrogados de manera neutra producen relatos breves pero generalmente exactos. La fragilidad obedece menos a su memoria que a las condiciones de la entrevista.
El experimento de la visita
Michelle Leichtman y Stephen Ceci publican en 1995 un experimento realizado en escuelas infantiles. Un visitante pasa brevemente por el aula sin estropear nada. Según las condiciones, los niños oyen hablar después de su torpeza y son interrogados en varias ocasiones con preguntas orientadas.
Cuando se combinan ambos procedimientos, una parte importante de los niños acaba relatando que el visitante dañó objetos, a veces con detalles inventados. Sin ellos, los relatos siguen siendo en su inmensa mayoría fieles a lo ocurrido.
Los mecanismos identificados
Varios mecanismos se combinan. Un niño interpreta una pregunta repetida como señal de que su primera respuesta no era la adecuada. Responde más fácilmente a una pregunta cerrada que declara ignorar la respuesta. También distingue peor lo que ha vivido de lo que ha oído contar.
Estos mecanismos no atañen solo al testimonio. Se aplican a todo cuestionario o entrevista de investigación en la que un adulto interroga a un niño pequeño sobre sus experiencias.
La edad no es el único factor. Los trabajos encuentran también diferencias ligadas al estatus del interlocutor, pues un adulto percibido como figura de autoridad obtiene con más facilidad la adhesión a sus sugerencias, y al tiempo transcurrido desde el acontecimiento, que debilita el recuerdo inicial.
Lo que los protocolos extrajeron de ello
Protocolos de entrevista estructurados, entre ellos el desarrollado por Michael Lamb y sus colegas bajo los auspicios de un instituto público de investigación estadounidense, se basan en estos resultados: invitaciones abiertas al relato libre, preguntas cerradas relegadas al final de la entrevista.
Las evaluaciones de estos protocolos comparan sobre todo la cantidad de información obtenida mediante preguntas abiertas. Su exactitud es más difícil de verificar sobre el terreno, a falta de saber lo que ocurrió realmente.
Las recomendaciones metodológicas para las encuestas por cuestionario con niños van en el mismo sentido: formulaciones que no presupongan una respuesta, posibilidad explícita de responder que no se sabe y atención al número de preguntas cerradas sucesivas.
Para recordar
Los niños en edad preescolar son en promedio más sensibles a la sugestión, sin que los adultos estén exentos de ella.
Interrogados de forma neutra, los niños pequeños producen relatos breves pero generalmente exactos.
Las preguntas repetidas, las preguntas cerradas y las informaciones externas son los principales vectores de distorsión identificados.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
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