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Método y medida

¿Hay que ofrecer «sin opinión»? El dilema de la casilla de salida

Ofrecer una respuesta de retirada evita fabricar opiniones, pero atrae también a quienes sí tienen una. Los metodólogos debaten este arbitraje desde hace décadas.

Por C. Broussard, Diseño de cuestionariosPublicado el 2 min

Dos riesgos opuestos

Sin casilla de salida, una persona que nunca ha reflexionado sobre una cuestión debe elegir de todos modos una respuesta. Produce una, a menudo sobre la marcha, y esa respuesta se contará como una opinión igual que las demás.

Con una casilla de salida, el riesgo cambia de naturaleza. Personas que tienen una opinión, aunque vacilante, pueden preferir esa opción porque exige menos esfuerzo o evita pronunciarse sobre un tema delicado. El primer defecto añade ruido; el segundo resta información.

Opiniones sobre leyes que no existen

Philip Converse mostró en 1964 que, de una oleada de encuesta a otra, una parte de las respuestas variaba como si fuera aleatoria. De ello concluía que muchas respuestas no reflejaban una actitud constituida.

Howard Schuman y Stanley Presser, en Questions and Answers in Attitude Surveys, en 1981, preguntaron a personas sobre leyes ficticias. Una parte de los encuestados daba su opinión, y esa parte disminuía claramente cuando se ofrecía una opción explícita de no respuesta.

El atajo del mínimo esfuerzo

Jon Krosnick propuso en 1991 analizar ciertas respuestas como un comportamiento de satisfacción mínima: el encuestado da una respuesta aceptable en lugar de la mejor posible. Una casilla «sin opinión» ofrece precisamente ese atajo.

Desde esta perspectiva, ofrecer la casilla no garantiza datos más exactos. Elimina respuestas improvisadas, pero también posiciones reales expresadas por personas cansadas o prudentes, y el intercambio no siempre resulta favorable.

Distinguir los silencios

Una misma casilla puede abarcar situaciones muy distintas: no conocer el tema, no querer responder, ser indiferente o estar dividido entre dos posiciones. Confundirlas equivale a tratar la ignorancia y la ambivalencia como una sola cosa.

Existen varias soluciones. Una pregunta filtro pregunta primero si la persona tiene una opinión, antes de recogerla. Opciones separadas distinguen la ausencia de opinión de la negativa a responder. Ninguna es perfecta, ya que cada paso añadido alarga el cuestionario y puede a su vez cansar, pero cada una hace más legible el silencio.

Lo que implica para quien responde

La casilla de salida no es el punto medio de una escala. El centro expresa una posición, aunque matizada; la salida indica que no hay ninguna posición disponible. Elegir uno por otro cambia el sentido de la respuesta y falsea la lectura del resultado, que cuenta el centro como una posición pero ignora la salida.

Antes de elegir la salida, una pregunta ayuda a decidir: si tuviera que inclinarme sin falta hacia un lado, ¿lo sabría de inmediato? Si es así, existe una posición, aunque débil, y merece expresarse.

A la inversa, obligarse a responder sobre un tema desconocido no aporta nada. Un resultado honesto acepta zonas vacías, que informan sobre las cuestiones en las que aún no se ha reflexionado y que pueden llenarse más adelante.

Para recordar

Sin casilla de salida se fabrican opiniones; con ella se pierden posiciones reales pero vacilantes.

Las encuestas sobre leyes ficticias muestran cuántas respuestas pueden ser improvisadas.

Distinguir ignorancia, negativa, indiferencia y ambivalencia vuelve interpretable el silencio.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

El test Civix sitúa sus convicciones en seis dimensiones y lo vincula a uno de los doce perfiles, sin decirle nunca qué pensar.

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