Civix Institute
Volver a la revista
Prácticas educativas

Los cuatro estilos educativos y lo que valen

Una tipología formulada en los años sesenta sigue estructurando los manuales. Se construyó sobre una muestra estrecha, y su alcance fuera de ese contexto se discute desde entonces.

Por O. Peyre, Prácticas educativas comparadasPublicado el 3 min

La construcción de la tipología

Diana Baumrind publica en los años sesenta una serie de observaciones sobre familias californianas, de las que extrae tres configuraciones: autoritaria, permisiva y la que llama autoritativa, término que se traduce mal al francés, donde a menudo se vierte como directivo o democrático.

Eleanor Maccoby y John Martin reformulan esa tipología en 1983 cruzando dos dimensiones, la exigencia y la receptividad, lo que produce cuatro casillas y añade el estilo negligente, ausente de la formulación inicial.

Los términos se eligieron para resumir configuraciones observadas, no para clasificar a personas. En las publicaciones originales, las familias se describen mediante combinaciones de conductas registradas durante visitas y sesiones de observación, y la tipología condensa esas combinaciones.

Qué aclara el cruce

La reformulación muestra que el debate corriente, que opone firmeza y escucha, se apoya en una confusión. Son dos dimensiones independientes, y combinar una exigencia alta con una receptividad alta no es contradictorio.

Esa aclaración es la aportación más duradera del modelo: separa dos cuestiones que el lenguaje ordinario mezcla, y hace visible que un mismo comportamiento puede caer en casillas distintas según lo que lo acompañe.

Los límites de la muestra de origen

Las observaciones iniciales se referían a un número reducido de familias blancas, de clase media, en una región concreta de Estados Unidos. La generalización a otros contextos no la hizo nunca la propia autora.

Ruth Chao mostró en los años noventa que la categoría autoritaria describía mal las prácticas educativas chinas y asiático-estadounidenses, y que la asociación negativa que suele informarse entre ese estilo y los resultados escolares no aparecía allí.

La crítica no se dirige a la existencia de las dos dimensiones, encontradas en numerosos países, sino al sentido atribuido a las categorías: una misma conducta parental puede leerse como control o como implicación según las normas que la rodean.

El problema de la causalidad

Las asociaciones informadas entre estilo y devenir del niño son casi todas correlacionales. Un niño difícil provoca reacciones más firmes, lo que produce la misma correlación que un estilo que produjera la dificultad. Este mecanismo lo formalizó ya en 1968 Richard Bell, que proponía releer las correlaciones observadas en los estudios de socialización como posiblemente orientadas del niño hacia el progenitor. Los estudios longitudinales que miden ambos sentidos encuentran casi siempre influencias recíprocas.

Los estudios de gemelos y de adopción complican aún más el cuadro al mostrar que parte de los parecidos entre padres e hijos pasa por vías que no son educativas, algo que los diseños correlacionales no pueden desenredar.

Por qué sobrevive la tipología

Es sencilla, memorizable y nombra configuraciones que los observadores reconocen. Esas cualidades explican su presencia continua en los manuales y en la formación de profesionales.

Los investigadores del campo emplean hoy más bien medidas dimensionales, que describen grados en varios ejes en lugar de casillas. La tipología sigue siendo una herramienta de comunicación, menos un instrumento de medida.

Para recordar

La formulación en cuatro casillas data de 1983 y cruza dos dimensiones, exigencia y receptividad.

La muestra de origen era estrecha, y la categoría autoritaria describe mal varios contextos culturales.

Las asociaciones informadas son correlacionales y compatibles con un efecto del niño sobre el padre.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

El test Civix sitúa sus convicciones en seis dimensiones y lo vincula a uno de los doce perfiles, sin decirle nunca qué pensar.

Empezar mi test
Ver los tests →