El sueño del lactante no tiene una norma única
Existen tablas que indican cuántas horas duerme un niño de seis meses. Lo que ocultan es la amplitud de la dispersión alrededor de la media.
Qué miden las recomendaciones
Los rangos publicados por las sociedades científicas, del orden de doce a quince horas por cada veinticuatro antes del año, los fijan comités que sintetizan estudios de observación. Describen una franja considerada compatible con un desarrollo ordinario, no un objetivo que alcanzar.
Esos documentos precisan casi siempre su propio nivel de prueba, calificado por lo general de bajo. Esa mención desaparece en la divulgación, donde el rango se convierte en norma y su límite inferior en alerta.
La amplitud real de la dispersión
Los estudios que publican percentiles en lugar de medias muestran diferencias considerables: a igual edad, la duración diaria total puede variar varias horas entre el percentil diez y el noventa, sin que nada más distinga a esos niños.
La misma dispersión vale para el número de despertares nocturnos y para la edad en que las noches se vuelven continuas. Una media calculada sobre esa distribución describe una situación que muchos niños no conocen.
El problema de la medición
La mayoría de las grandes bases se apoya en el informe de los padres, por diario o cuestionario. Las comparaciones con la actigrafía, que registra el movimiento de la muñeca, muestran desfases sistemáticos: los padres no perciben los despertares breves y sobrestiman la duración total.
La actigrafía tiene sus propios límites: codifica la inmovilidad como sueño. La polisomnografía, único método de referencia, se practica en laboratorio sobre muestras pequeñas y durante una noche, que no es una noche ordinaria.
Cada método responde, por tanto, a una pregunta ligeramente distinta: el cuestionario dice lo que perciben los padres, la actigrafía lo que hace el cuerpo, la polisomnografía lo que hace el cerebro. Las cifras que circulan proceden casi siempre del primero, sin que se precise la fuente.
Lo que desplaza la cultura
Las comparaciones entre países encuentran diferencias importantes de duración declarada y de hora de acostarse, con duraciones más cortas y horarios más tardíos en varios países de Asia oriental que en los países anglófonos.
Esas diferencias admiten dos lecturas. Como diferencias reales de sueño, o como diferencias de norma y por tanto de declaración: lo que los padres consideran un despertar, una siesta o una hora de acostarse no se define igual en todas partes.
El sueño compartido, práctica ordinaria en buena parte del mundo y minoritaria en otros países, modifica también lo que se observa: un despertar seguido de una toma en la misma cama no siempre se vive, ni se anota, como un despertar.
Lo que sí está establecido
La consolidación progresiva del sueño durante los primeros meses es un hecho robusto, encontrado en todas partes: la proporción de sueño nocturno aumenta y los episodios se alargan, con independencia de las prácticas.
Lo que no está establecido es el valor diagnóstico de una desviación respecto a la media. Los trabajos que siguen a los mismos niños en el tiempo muestran una inestabilidad importante de las trayectorias individuales, lo que hace arriesgada la lectura de una medición aislada.
Para recordar
Los rangos publicados describen una franja observada, con un nivel de prueba que las propias fuentes califican de bajo.
La dispersión entre niños de la misma edad se cuenta en horas, algo que las medias borran.
El informe de los padres sobrestima la duración total y pasa por alto los despertares breves, frente al registro.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
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