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La organización del trabajo

Lo que Taylor prescribió realmente

Su nombre sirve de insulto desde hace un siglo. El contenido de sus textos es más preciso, y más extraño, que lo que hoy abarca la palabra.

Por A. Vidal, Organización y condiciones de trabajoPublicado el 3 min

El contenido del programa

Frederick Winslow Taylor publica en 1911 los principios de la dirección científica. Prescribe en ellos el estudio cronometrado de los gestos, la separación entre concepción y ejecución, la selección y formación de los obreros y la remuneración a destajo diferenciada.

El punto de partida de su razonamiento es un diagnóstico sobre la holgazanería sistemática: según él, los obreros limitan deliberadamente su rendimiento porque saben que cualquier ganancia irá seguida de una rebaja de las tarifas. El método pretende sustituir esa negociación tácita por una medición presentada como objetiva.

El punto que más a menudo se olvida es que consideraba ese dispositivo un medio de aumentar los salarios: su promesa era un incremento de la producción repartido entre la empresa y el obrero, y criticaba explícitamente a los empleadores que reducían las tarifas tras las ganancias de productividad.

Lo que se retuvo

La difusión industrial conservó el estudio de tiempos y la separación de tareas, abandonando en gran medida la contrapartida salarial. Esa disociación es el objeto principal de las críticas posteriores.

La organización en cadena, asociada a Ford, procede de una lógica vecina pero distinta: impone el ritmo mediante la cinta transportadora y no mediante la prescripción del gesto. Confundir ambas bajo una misma palabra borra esa diferencia, que no es menor para comprender quién fija el ritmo del trabajo.

Las críticas contemporáneas

Una comisión de investigación del Congreso estadounidense examina esos métodos en 1912, en un contexto de conflictos sociales. Taylor comparece ante ella, y los sindicatos denuncian la intensificación del trabajo y la pérdida de autonomía profesional.

La objeción sindical apuntaba a un punto preciso: al transferir a la dirección el conocimiento del oficio, el método privaba a los obreros cualificados de lo que fundaba su poder de negociación. Se trataba de una crítica del reparto del saber, y no solo de la fatiga.

Los historiadores del trabajo han mostrado desde entonces que la aplicación efectiva de esos métodos fue mucho más parcial y negociada de lo que dejan creer los manuales, ya que los talleres conservaron márgenes informales considerables.

Las comprobaciones de sus propios datos

Varios trabajos históricos, entre ellos los de Charles Wrege, reexaminaron los relatos de experiencias presentados por Taylor, en particular el caso, convertido en emblemático, del manipulador de lingotes de hierro fundido, presentado con el nombre de Schmidt en el texto de 1911.

Concluyen que esos relatos fueron reconstruidos y embellecidos, con cifras que no se corresponden con los archivos de las fábricas afectadas. El programa no queda por ello invalidado, pero su base empírica declarada sí, lo que debilita su pretensión de fundar la organización en una ciencia.

Lo que subsiste

El estudio de tiempos sigue existiendo, con otros nombres, en la logística y la industria. Las herramientas digitales lo han automatizado, suprimiendo al observador provisto de un cronómetro, y la medición se aplica ahora a flujos de datos más que a gestos observados uno a uno.

La pregunta planteada en 1911 sigue en pie: quién posee el conocimiento del gesto de trabajo y a quién beneficia la medición de su duración. Los dispositivos han cambiado; la cuestión del reparto de la ganancia sigue siendo la misma.

Para recordar

Taylor prescribía una contrapartida salarial que la difusión industrial abandonó en gran medida.

La aplicación efectiva fue parcial y negociada, al contrario del relato de los manuales.

Los trabajos históricos han mostrado que sus relatos de experiencia fueron reconstruidos.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

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