La asociación entre vínculos sociales y mortalidad
Un metaanálisis de 2010 produjo una comparación llamativa con el tabaco. Su método y sus límites son menos conocidos que su conclusión.
La síntesis de 2010
La constatación tiene una larga historia. El estudio del condado de Alameda, en California, publicado por Lisa Berkman y Leonard Syme en 1979, y la síntesis de James House y sus colegas aparecida en Science en 1988 ya habían asentado la asociación en la literatura epidemiológica.
Julianne Holt-Lunstad, Timothy Smith y Bradley Layton publican un metaanálisis sobre más de ciento cincuenta estudios de seguimiento, con más de trescientos mil participantes en total.
Encuentra una asociación entre indicadores de relaciones sociales y una mortalidad menor, y los autores comparan la magnitud de esa asociación con la de otros factores de riesgo conocidos. Los indicadores agrupados son muy heterogéneos, del estado civil a la participación asociativa.
Qué significa la comparación
La comparación se refiere a tamaños de efecto estadísticos, no a mecanismos. Indica que la asociación medida es del mismo orden, lo que es una información sobre los datos y no sobre la causalidad.
Los autores lo precisan de forma explícita. La fórmula que compara la soledad con el tabaco, muy difundida, es una simplificación de ese punto, y ha sido criticada incluso por investigadores favorables a la constatación general. Desliza además del aislamiento, medido en la mayoría de los estudios agregados, a la soledad sentida, que lo estaba mucho menos.
El problema de la causalidad inversa
Una salud deteriorada reduce la participación social. Los estudios que excluyen las muertes ocurridas en los primeros años de seguimiento, precisamente para limitar ese sesgo, encuentran asociaciones reducidas pero persistentes.
El ajuste por el estado de salud inicial plantea un problema simétrico: si las relaciones actúan a través de la salud, ajustar por ella retira parte del efecto que se busca medir. Un análisis de Andrew Steptoe y sus colegas, publicado en 2013 sobre una cohorte inglesa, encontraba así que la asociación del aislamiento persistía tras el ajuste, mientras que la de la soledad sentida no persistía.
Los mecanismos propuestos
Se proponen tres familias: un efecto sobre los comportamientos de salud, un efecto sobre el uso de la atención sanitaria y un efecto fisiológico directo por las vías del estrés. La primera remite a situaciones concretas, como la presencia de alguien que nota un cambio o acompaña a una cita.
Las pruebas son desiguales. Las dos primeras están documentadas mediante medidas intermedias; la tercera se apoya sobre todo en trabajos experimentales de corta duración cuyo traslado sigue discutiéndose.
Qué muestran las intervenciones
Los ensayos dirigidos a reducir el aislamiento miden efectos sobre la participación y a veces sobre la soledad declarada. Ninguno está dimensionado para medir un efecto sobre la mortalidad.
Esa ausencia es estructural: un ensayo capaz de detectar tal efecto exigiría efectivos y una duración fuera del alcance de la financiación ordinaria de este ámbito. La prueba descansa, por tanto, y sin duda descansará durante mucho tiempo, en datos observacionales, con los límites que se acaban de describir.
Para recordar
La comparación con otros factores de riesgo se refiere a tamaños de efecto, no a mecanismos.
Excluir las muertes tempranas reduce la asociación sin hacerla desaparecer.
Ningún ensayo está dimensionado para medir un efecto de las intervenciones sobre la mortalidad.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
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