Seis dimensiones en lugar de dos: lo que se gana, lo que se pierde
Añadir dimensiones a una descripción política la vuelve a la vez más fiel y más frágil. He aquí el arbitraje, enunciado sin marketing.
Lo que gana la descripción
En una sola línea, dos personas situadas en el mismo lugar se consideran pensar lo mismo. En cuanto se añade un eje, se descubre que pueden oponerse con franqueza en la relación con la autoridad, en el nivel en el que debe tomarse la decisión o en el lugar concedido a las normas colectivas.
La ganancia no es cosmética. Permite dar cuenta de combinaciones corrientes que una línea única debe tratar como anomalías: una fuerte exigencia de protección social asociada a una desconfianza hacia las instituciones supranacionales, o una gran tolerancia sobre los modos de vida asociada a una elevada expectativa de orden público.
Cambia también la naturaleza de lo que puede decirse a alguien. En una línea, solo se le puede situar más o menos lejos de un bando. En varias dimensiones, se le puede mostrar dónde decide, dónde duda y dónde se separa de quienes por lo demás se le parecen.
Lo que cuesta cada dimensión añadida
La fiabilidad de una medida depende del número de ítems que la alimentan. A cuestionario de longitud constante, añadir una dimensión equivale a quitar preguntas a las demás, y por tanto a medir cada eje con algo menos de certeza. Existe un punto más allá del cual se gana en finura aparente lo que se pierde en solidez real.
El segundo coste es cognitivo. Una posición en dos ejes se lee de un vistazo en un plano; una posición en seis no se visualiza directamente. Hacen falta entonces representaciones intermedias, radar o barras, y aceptar que ninguna lo muestra todo a la vez.
El tercer coste es el de la interpretación. Cuantas más dimensiones hay, más pequeñas diferencias hay que no tienen ninguna significación estadística y que el lector comentará de todos modos. Un modelo honesto debe indicar por debajo de qué diferencia no hay que concluir nada.
Cómo se decide el número
Una dimensión merece existir si separa a personas que las demás dimensiones confunden. Si solo duplica a otra, infla la descripción sin enseñar nada: dos ejes muy correlacionados cuentan lo mismo dos veces.
Debe además ser estable: interrogada dos veces con unas semanas de intervalo, una misma persona debe encontrarse en el mismo lugar, salvo azares. Una dimensión inestable mide el ánimo o la actualidad reciente más que una convicción.
La elección de seis no tiene, por tanto, nada de mágico, y cualquier modelo serio debería poder decir por qué retiene ese número. La buena pregunta que plantear a una tipología no es cuántos ejes utiliza, sino qué permite distinguir cada uno que los demás no distinguen.
Por qué los modelos de dos ejes siguen siendo útiles
Las representaciones en dos dimensiones, a menudo un eje económico y un eje autoritario, tienen un mérito considerable: se leen al instante y permiten comparar a muchas personas de una sola mirada. Ninguna representación de seis dimensiones ofrece eso.
El uso razonable consiste, por tanto, en combinar ambas: una vista de dos ejes para situarse y una lectura dimensión por dimensión para comprender. Oponerlas sería un error, no responden a la misma pregunta.
Qué hay que pedirle a un modelo
Tres preguntas bastan para juzgar la seriedad de una tipología. ¿Qué mide cada dimensión y con cuántos ítems? ¿Qué variación se observa cuando una misma persona repite el test? ¿Y por debajo de qué diferencia el modelo se niega a concluir?
Un modelo que no responde a ninguna de las tres no es necesariamente falso, pero pide que se le crea bajo palabra. Un modelo que responde, aunque sea con modestia, permite al lector saber qué tiene entre las manos.
Para recordar
Más dimensiones permiten describir combinaciones que una sola línea trata como anomalías.
A cuestionario constante, cada dimensión añadida reduce la fiabilidad de las demás.
Una dimensión se justifica si separa lo que las demás confunden y si es estable en el tiempo.
Un modelo serio anuncia por debajo de qué diferencia no hay que concluir nada.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
Y usted, ¿dónde se sitúa?
El test Civix sitúa sus convicciones en seis dimensiones y lo vincula a uno de los doce perfiles, sin decirle nunca qué pensar.
Empezar mi test