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Crecer

Reconocerse en el espejo, una prueba que hay que leer con prudencia

Una mancha discreta en la cara, un espejo, y se observa si el niño la busca en sí mismo y no en el reflejo. La prueba es sencilla; lo que mide lo es mucho menos.

Por F. Aubry, Desarrollo del niñoPublicado el 3 min

El origen de la prueba

El principio lo formalizó Gordon Gallup en 1970 con chimpancés: se deposita una marca de color en una zona de la cara invisible sin espejo y después se observa si el animal, situado ante su reflejo, toca la marca en su propio cuerpo y no en la imagen.

Beulah Amsterdam publica en 1972 una versión adaptada al niño pequeño, con un toque de colorete en la nariz. El gesto dirigido hacia la propia cara se convierte entonces en el indicio adoptado de un autorreconocimiento en el reflejo.

La prueba se aplicó después a numerosas especies, con éxitos comunicados en los grandes simios y resultados más discutidos en otros animales. Esa difusión hizo de la marca un criterio común, utilizado mucho más allá del contexto para el que se había concebido.

El calendario observado

En las muestras occidentales estudiadas desde entonces, la mayoría de los niños supera la prueba entre los dieciocho y los veinticuatro meses. Antes de esa edad, el niño sonríe a su reflejo, lo toca o busca detrás del espejo, sin relacionar la marca con su propia cara.

El éxito coincide aproximadamente con otros cambios del segundo año, como el uso del propio nombre para designarse o ciertas reacciones de apuro. Esa coincidencia ha alimentado la idea de una transformación común, sin que se haya demostrado el vínculo causal entre esas conductas.

Lo que la prueba presupone

Tocar la marca exige varias cosas a la vez: comprender el funcionamiento de una superficie reflectante, advertir una anomalía en una cara familiar y juzgar que esa anomalía merece un gesto. Un fracaso puede, pues, deberse a una de esas etapas, y no necesariamente a la ausencia de una representación de sí.

Trabajos de Daniel Povinelli y sus colegas mostraron que niños de dos o tres años que superan la prueba ante un espejo fracasan a menudo cuando la imagen es un vídeo diferido unos minutos, lo que distingue el reconocimiento inmediato de una representación de sí situada en el tiempo.

Las comparaciones entre contextos

Un estudio publicado en 2011, dirigido entre otros por Tanya Broesch y Philippe Rochat, aplicó la prueba en varios países. En Kenia, muy pocos niños se quitaban la marca, mientras que en otros lugares se encontraban las tasas de éxito occidentales.

Los autores no concluyen que falte el autorreconocimiento. Sostienen que los niños pueden percibir la marca sin tocarla, en contextos en los que se espera de ellos una gran contención ante un adulto desconocido y una situación inhabitual.

Lo que ilumina el debate

El caso ilustra un problema general: una prueba concebida en un contexto define el éxito por un comportamiento preciso, y ese comportamiento depende también de normas sociales que la prueba no mide.

La aparición de una forma de autorreconocimiento a lo largo del segundo año sigue siendo un resultado sólido en las poblaciones estudiadas. Lo que sigue en discusión es qué parte de ello capta realmente la prueba del espejo, y qué confunde con otra cosa.

Para recordar

En las muestras occidentales, la mayoría de los niños supera la prueba de la marca entre los dieciocho y los veinticuatro meses.

Un fracaso puede deberse a la comprensión del espejo o al juicio sobre la marca, no solo a la representación de sí.

Las diferencias observadas entre contextos cuestionan lo que mide el gesto, más que la existencia del autorreconocimiento.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

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