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Análisis político

Juzgar una gestión o elegir un proyecto: el voto retrospectivo

Se puede votar por lo que se espera de un candidato, o contra lo que se reprocha a quienes gobiernan. La segunda lógica es antigua, sencilla y más discutida de lo que parece.

Por A. Vasseur, Clivajes y comportamientos de votoPublicado el 3 min

Dos maneras de mirar una elección

El voto prospectivo compara programas y elige el que promete el mejor futuro. El voto retrospectivo mira hacia atrás: evalúa lo que ha producido el equipo saliente y lo renueva o lo sustituye según el juicio que le merece el periodo transcurrido.

Las dos lógicas coexisten en la mayoría de los electores. Su peso relativo varía según las elecciones, la legibilidad de los balances y la confianza concedida a las promesas, que muchos consideran menos fiables que una experiencia ya vivida.

Un control al alcance de todos

V. O. Key propuso una defensa influyente de este voto en The Responsible Electorate, publicado en 1966: los electores no se dejan engañar, juzgan lo que han visto. Morris Fiorina prolongó el análisis en 1981 en Retrospective Voting in American National Elections.

El argumento es fuerte. Juzgar una gestión exige mucha menos información que evaluar un programa detallado, y la amenaza de ser sancionados incita a los gobernantes a tener en cuenta a quienes gobiernan. El voto se convierte en un instrumento de control accesible sin conocimientos especializados.

Los límites documentados

Christopher Achen y Larry Bartels, en Democracy for Realists, en 2016, subrayan dos debilidades. Los electores darían un peso excesivo a los últimos meses de un mandato y sancionarían a veces acontecimientos sobre los que los gobernantes no tenían ningún control.

Estas conclusiones se discuten. Otros investigadores consideran que los electores juzgan también la reacción de los gobernantes ante lo imprevisto, lo cual es una información pertinente, y que la miopía que se les reprocha sigue siendo una aproximación razonable cuando la información es costosa.

Cuando es difícil atribuir

El voto retrospectivo supone saber quién es responsable. G. Bingham Powell y Guy Whitten mostraron en 1993 que el vínculo entre situación económica y voto es más claro cuando la responsabilidad gubernamental es claramente identificable.

Las coaliciones y el reparto del poder entre niveles de gobierno o entre instituciones enturbian esa atribución. Cada cual puede entonces reivindicar los éxitos y desviar los fracasos hacia otro escalón, lo que debilita el control que ejerce el elector y lleva a juzgar por impresiones más que por decisiones identificadas.

Lo que esto cambia para conocerse

Un voto retrospectivo no dice casi nada de los valores de quien lo deposita. Dos personas de convicciones alejadas pueden sancionar la misma gestión, una porque la acción ha sido insuficiente y la otra porque ha sido excesiva.

Es una razón para distinguir el juicio sobre una gestión de la posición sobre las cuestiones de fondo. Un perfil de opiniones mide la segunda, y puede por tanto apartarse sensiblemente de los votos pasados sin que haya contradicción.

Una pregunta permite hacer balance: en su último voto, ¿pensaba primero en lo que debía ocurrir o en lo que había pasado? La respuesta no es mejor ni peor, pero aclara lo que expresaba la papeleta.

Para recordar

El voto retrospectivo juzga una gestión más que un programa, y exige poca información.

Sus defensores ven en él un control eficaz; sus críticos, una sanción miope y a veces mal dirigida.

Supone una responsabilidad identificable, que el reparto del poder hace difícil de establecer.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

El test Civix sitúa sus convicciones en seis dimensiones y lo vincula a uno de los doce perfiles, sin decirle nunca qué pensar.

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