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Motivación y reconocimiento

Cuando la recompensa reduce las ganas de hacer

Una serie de experimentos mostró que una recompensa podía disminuir el interés por una actividad que ya gustaba. El alcance de este resultado para el trabajo remunerado es objeto de un largo desacuerdo.

Por S. Arnaud, Motivación y remuneraciónPublicado el 3 min

El experimento fundador

En 1971, Edward Deci pide a unos estudiantes que resuelvan rompecabezas. A una parte de ellos se le paga por cada solución, y después el pago cesa. Durante una pausa en la que son libres de hacer lo que quieran, los que habían cobrado dedican menos tiempo al rompecabezas que los demás.

Mark Lepper, David Greene y Richard Nisbett obtienen en 1973 un resultado parecido con niños pequeños a los que les gustaba dibujar. Aquellos a quienes se había prometido un diploma por sus dibujos dibujan después menos espontáneamente que quienes lo habían recibido sin esperarlo.

La explicación propuesta

Deci y Richard Ryan interpretan estos resultados en el marco de la teoría de la evaluación cognitiva. Una recompensa percibida como medio de control desplazaría la razón para actuar hacia el exterior, mientras que una recompensa percibida como información sobre la competencia podría, por el contrario, sostener el interés.

El detalle importa, pues, mucho: recompensa esperada o inesperada, ligada a la mera participación o al nivel alcanzado. Los efectos predichos varían según estas modalidades, lo que hace la teoría más matizada que el eslogan según el cual el dinero mataría la motivación.

Un desacuerdo entre síntesis

Judy Cameron y David Pierce publican en 1994 un metaanálisis que concluye que el efecto negativo se limita a condiciones estrechas. Deci, Richard Koestner y Ryan responden en 1999 con otra síntesis, que encuentra un efecto negativo nítido de las recompensas esperadas y ligadas a la tarea.

Los dos equipos divergen sobre todo en la elección de los estudios incluidos y en la manera de agruparlos. El desacuerdo se refiere menos a la existencia del efecto que a su extensión y su generalidad.

La extensión a la economía

Bruno Frey trasladó la idea a la economía con el nombre de efecto expulsión. Un experimento de Uri Gneezy y Aldo Rustichini, publicado en 2000, muestra que la introducción de una multa por los retrasos en guarderías de Haifa aumentó los retrasos en lugar de reducirlos.

Su lectura es que la multa transformó una obligación moral en una transacción: el retraso tenía ahora un precio. Este caso no versa sobre una recompensa, pero ilustra el mismo mecanismo de cambio de marco.

La trasposición al trabajo

La mayoría de estos experimentos utilizan actividades consideradas interesantes en sí mismas y observan un comportamiento libre y de corta duración. El trabajo asalariado combina tareas muy diversas, remuneradas en todos los casos, lo que hace incierta la trasposición directa.

Una dificultad adicional atañe a la medición. En el laboratorio, la motivación se observa por el tiempo dedicado libremente a la actividad; en la empresa, se declara casi siempre en cuestionarios, que no captan el mismo fenómeno y están expuestos a otros sesgos.

Los estudios realizados en organizaciones encuentran efectos en ambas direcciones según el tipo de tarea y la forma de la remuneración. No permiten decantarse por un modo de remuneración en general.

Para recordar

Experimentos de los años setenta muestran que una recompensa esperada puede reducir el interés por una actividad que gusta.

Los metaanálisis divergen sobre la extensión del efecto, según los estudios seleccionados.

La trasposición al trabajo remunerado sigue siendo incierta y depende del tipo de tarea.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

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