Civix Institute
Volver a la revista
Lo que ocurre dentro

Prever lo que sentiremos

Prevemos bastante bien si un acontecimiento nos alegrará o nos apenará, mucho peor con qué fuerza y durante cuánto tiempo. La diferencia se ha medido y tiene nombre.

Por I. Ferrand, Regulación y vida emocionalPublicado el 3 min

Una previsión cotidiana

Elegir un empleo, una vivienda o una fecha de partida supone una previsión que rara vez se formula: lo que sentiremos una vez obtenida la cosa, o perdida. Esas previsiones guían buena parte de las decisiones corrientes, y casi nunca se comprueban a posteriori.

Daniel Gilbert y Timothy Wilson las convirtieron en objeto de estudio con el nombre de previsión afectiva. El método es sencillo: preguntar a unas personas qué sentirán después de un acontecimiento esperado, volver a interrogarlas cuando ha tenido lugar y comparar.

El sentido acertado, la intensidad excesiva

El resultado más constante se resume en una asimetría. La dirección de la previsión suele ser correcta: se sabe que un fracaso disgustará y que un éxito agradará. En cambio, la intensidad y sobre todo la duración del efecto se sobrestiman con regularidad, en un sentido y en otro.

Los autores llamaron a este desfase sesgo de impacto. Se ha encontrado a propósito de rupturas, de resultados electorales o de decisiones profesionales largamente esperadas. La diferencia afectaba menos al momento mismo que a las semanas y los meses siguientes.

Dos mecanismos propuestos

El primero es la focalización. En el momento de prever, uno se representa el acontecimiento aislado, sin el resto de la vida que seguirá a su alrededor: el trabajo, los allegados, las contrariedades sin relación. Pasado el acontecimiento, esos elementos recuperan su lugar y diluyen su efecto.

El segundo obedece a lo que los autores describen como un desconocimiento de nuestros propios procesos de ajuste. Ante un revés, reinterpretamos, relativizamos, nos buscamos razones, casi siempre sin darnos cuenta. Como ese trabajo permanece invisible, no entra en la previsión.

Lo que la diferencia no es

Este desfase no es patrimonio de los inquietos ni de los entusiastas. Afecta a las previsiones felices como a las desdichadas, y ninguna manera de anticipar sale ganando: sobrestimar una alegría mantiene el impulso hacia lo que se desea, sobrestimar una pena vuelve atento a lo que se arriesga.

Tampoco significa que los acontecimientos importen poco. Ciertos cambios duraderos, en particular los que modifican la vida cotidiana día tras día, dejan una huella que el ajuste no borra del todo. El sesgo atañe a la estimación del efecto, no a su existencia.

Un dato sobre uno mismo

Los mismos investigadores compararon la previsión personal con otra fuente: el estado referido por alguien que acababa de vivir la misma situación. En algunos de sus experimentos, ese testimonio ajeno anunciaba mejor el estado futuro que la simulación personal, algo que los propios participantes no creían.

Este resultado no dice lo que habría que hacer. Solo recuerda que prever los propios estados es una operación como cualquier otra, realizada con los medios del momento, y que se equivoca de manera regular y no al azar.

De ello se desprende una pregunta descriptiva, no un método: cuando uno ha esperado o temido algo durante mucho tiempo, ¿el estado vivido después se pareció a lo que imaginaba? La respuesta, sea cual sea, es una información que ningún cuestionario proporciona.

Para recordar

La dirección de una previsión afectiva suele ser acertada; su intensidad y su duración se sobrestiman con regularidad.

La focalización en el acontecimiento y el ajuste que pasa inadvertido explican buena parte de la diferencia.

El sesgo afecta a las previsiones felices como a las desdichadas y no da la razón a ninguna manera de anticipar.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

El test Civix sitúa sus convicciones en seis dimensiones y lo vincula a uno de los doce perfiles, sin decirle nunca qué pensar.

Empezar mi test
Ver los tests →