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Los círculos

El cruce de los círculos sociales, de Simmel a Blau

Georg Simmel describía al individuo moderno como el punto de cruce de círculos sociales independientes. La idea se retomó y se formalizó, pero sigue siendo difícil de medir.

Por G. Cazal, Redes personales y sociabilidadPublicado el 3 min

La intuición de Simmel

Georg Simmel dedica un capítulo de su Soziologie, publicada en 1908, al cruce de los círculos sociales. En las sociedades antiguas, según él, la pertenencia a un círculo arrastraba otras, pues la familia fijaba el oficio, la vecindad y la religión. Los círculos estaban encajados unos en otros más que cruzados.

Con la diferenciación de las sociedades modernas, cada cual pertenece a círculos elegidos por separado, profesión, asociación, barrio, amigos, que ya no se superponen. Para Simmel, es la combinación singular de esas pertenencias lo que constituye la individualidad: nadie más se encuentra exactamente en el mismo punto de intersección.

De los círculos encajados a los círculos cruzados

La distinción tiene una consecuencia directa en la estructura de las relaciones. En círculos encajados, las personas que uno frecuenta se conocen entre sí y comparten las mismas pertenencias. En círculos cruzados, las relaciones de una misma persona pueden no coincidir nunca, y cada una conoce solo una faceta de su vida.

Esta descripción no dice nada del tamaño de las redes. Un número pequeño de relaciones puede proceder de círculos muy variados, y un número grande, de un solo círculo. Lo que distingue las configuraciones es la disposición de las pertenencias, no su volumen, y ninguna se describe como superior a la otra.

La reformulación de Peter Blau

Peter Blau y Joseph Schwartz dieron en 1984, en Crosscutting Social Circles, una versión macrosociológica de esta idea. Su razonamiento parte de la homofilia: si uno se vincula sobre todo a personas parecidas a sí mismo, las dimensiones en las que se parece a los demás se vuelven decisivas.

Cuando las diferencias de edad, profesión, origen o religión no se superponen, parecerse en una dimensión obliga a diferir en otra. Los autores deducen de ello que las relaciones entre grupos deberían ser más frecuentes allí donde esas dimensiones se cruzan, hipótesis que contrastaron con los matrimonios entre grupos en ciudades estadounidenses.

La multiplexidad de los vínculos

La noción de multiplexidad, procedente de la antropología social británica de los años cincuenta, describe la otra vertiente del fenómeno: una misma relación puede reunir varios roles. Un vecino que es también colega y compañero de deporte conecta él solo varios círculos.

Las encuestas de redes pueden medir esta propiedad registrando, para cada persona citada, el conjunto de los contextos compartidos. Las relaciones multiplexas se describen en general como más estables, puesto que la pérdida de un contexto no suprime los demás, pero esa estabilidad obedece también a su antigüedad, y ambos efectos son difíciles de separar.

Lo que captan las encuestas

Los generadores de nombres recogen personas, rara vez los círculos que las conectan. Reconstruir las intersecciones supone preguntar, para cada relación, dónde y cómo se inscribe, lo que alarga el cuestionario y explica que la mayoría de las encuestas se limite a un único contexto de origen.

La idea de Simmel sigue así más invocada que medida. Ofrece, sin embargo, una clave de lectura útil: describir una red personal no es solo describir personas, sino la manera en que los mundos sociales atravesados se superponen o permanecen separados.

Para recordar

Simmel veía en el cruce de círculos independientes una marca de las sociedades diferenciadas.

Blau y Schwartz extrajeron de ello una hipótesis sobre la frecuencia de las relaciones entre grupos.

Las encuestas recogen personas con más frecuencia que los círculos que las conectan.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

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