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Las cifras del trabajo

Las previsiones de empleos destruidos por la automatización

Un estudio de 2013 anunciaba que casi la mitad de los empleos estadounidenses eran automatizables. Las revisiones posteriores dividieron esa cifra varias veces.

Por N. Ferreira, Estadísticas del trabajoPublicado el 3 min

La estimación de 2013

Carl Benedikt Frey y Michael Osborne publican una estimación que atribuye una probabilidad de automatización a cada profesión estadounidense, a partir de una clasificación de una muestra de oficios por especialistas y de una extrapolación estadística.

La cifra agregada, próxima a la mitad de los empleos, tuvo una difusión mundial considerable, a menudo sin la precisión de que el estudio versaba sobre profesiones y no sobre empleos efectivamente suprimidos. Los autores, por otra parte, no fijaban un horizonte preciso, algo que las reproducciones convirtieron a menudo en un plazo.

La revisión por tareas

Un equipo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, dirigido por Melanie Arntz, Terry Gregory y Ulrich Zierahn, rehace el ejercicio razonando sobre tareas en lugar de profesiones. Se inscribe en el enfoque por tareas propuesto por David Autor, Frank Levy y Richard Murnane en 2003.

Su resultado es bastante menor, en torno a un empleo de cada diez para los países estudiados, porque una profesión contiene tareas automatizables y otras que no lo son, y la composición varía mucho entre quienes ocupan un mismo puesto.

La distancia entre ambas estimaciones no se debe, pues, a una divergencia sobre la técnica, sino a la unidad de análisis. Un mismo juicio de expertos produce órdenes de magnitud muy distintos según se aplique al oficio entero o a cada uno de sus componentes.

Qué miden esos ejercicios

Estiman una viabilidad técnica, no una adopción. La adopción depende del coste relativo, de la organización, de la regulación y de la aceptabilidad, variables ausentes de esas estimaciones.

La historia de las oleadas anteriores muestra un desfase importante entre viabilidad y difusión, y creaciones de empleo en actividades que no existían en el momento de la previsión. Muestra también transformaciones internas de los oficios, en las que la automatización de una tarea desplaza la actividad hacia otras en lugar de suprimir el puesto.

El balance de las previsiones anteriores

El temor no es nuevo: John Maynard Keynes ya empleaba en 1930 la expresión «desempleo tecnológico». Las previsiones de empleos destruidos publicadas en las oleadas de automatización anteriores resultaron sistemáticamente pesimistas sobre el volumen total de empleo, y a menudo inexactas sobre el reparto sectorial.

Esa constatación no establece que las previsiones actuales vayan a ser falsas, pero proporciona una base de comparación que las publicaciones recientes rara vez citan. El argumento contrario, según el cual las técnicas actuales afectarían a tareas cognitivas hasta ahora a salvo, merece exponerse con la misma seriedad, y los datos disponibles no lo zanjan.

Lo que está mejor establecido

Los trabajos empíricos sobre la introducción efectiva de robots industriales, en particular los de Daron Acemoglu y Pascual Restrepo publicados en 2020 sobre los mercados de trabajo locales estadounidenses, miden efectos locales sobre el empleo y los salarios, negativos en las zonas expuestas.

Esos trabajos se refieren a una tecnología precisa y a un periodo observado, lo que los hace más sólidos que las estimaciones prospectivas, y más estrechos en su alcance.

Para recordar

La estimación de 2013 razona por profesiones; la revisión por tareas divide el resultado varias veces.

Esos ejercicios estiman una viabilidad técnica, no una adopción efectiva.

Los trabajos que miden la introducción real de robots son más sólidos y más estrechos que las previsiones.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

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