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Motivación y reconocimiento

Ir a trabajar enfermo, un coste rara vez contado

El absentismo se mide en todas partes; el presentismo, casi en ninguna. Las estimaciones disponibles sugieren, sin embargo, un coste del mismo orden.

Por S. Arnaud, Motivación y remuneraciónPublicado el 2 min

La noción

El presentismo designa el hecho de trabajar cuando un estado de salud justificaría una ausencia. El término se emplea a veces en otro sentido, el de la presencia prolongada sin necesidad, lo que crea una confusión duradera en la literatura.

Es el primer sentido el que es objeto de trabajos empíricos, en particular en salud laboral, y el que produce las estimaciones de coste más citadas. Gary Johns propuso en 2010 una síntesis que distingue cuidadosamente ambos usos y repasa los instrumentos empleados.

Cómo se mide

La medición se apoya en cuestionarios que preguntan por el número de días trabajados pese a un problema de salud, y a veces por una estimación de la caída de rendimiento asociada. Las preguntas varían de una encuesta a otra en cuanto al periodo de referencia y a la gravedad del problema mencionado.

Esa segunda estimación es la más frágil: pide a una persona que evalúe su propia productividad relativa, ejercicio para el que no existe ninguna validación externa. Depende además de aquello con lo que la persona se compara, una jornada corriente o una jornada ideal.

Las estimaciones de coste

Varios trabajos concluyen que el coste asociado al presentismo supera al del absentismo, resultado citado con regularidad en la literatura de gestión.

Esas estimaciones dependen por entero de la hipótesis de caída de rendimiento adoptada, y las publicaciones más sólidas presentan horquillas amplias en lugar de un valor único.

Dejan también de lado un argumento planteado en sentido contrario: en algunas dolencias leves, mantenerse activo no es necesariamente perjudicial, y la investigación no permite decir qué parte de las jornadas de presentismo constituye una pérdida y no un arbitraje razonable.

Qué lo favorece

Los trabajos encuentran una asociación con la dificultad para ser sustituido, con la inseguridad del empleo, con el carácter acumulativo del trabajo no hecho y con los dispositivos de indemnización de los primeros días de baja. La cuestión se plantea en otros términos para los trabajadores autónomos, cuya cobertura de las bajas obedece a reglas propias y para quienes la ausencia se traduce directamente en una pérdida de ingresos.

El periodo de carencia es uno de los pocos elementos cuyo efecto se ha evaluado mediante dispositivos cuasiexperimentales, con resultados que muestran una caída de las bajas cortas y efectos más inciertos sobre la duración total. En Francia, el día de carencia instaurado en la función pública en 2012, suprimido en 2014 y restablecido en 2018, ofreció un terreno de observación de ese tipo.

La paradoja de los indicadores

Una organización que sigue únicamente su tasa de absentismo puede registrar una mejora mientras la situación se degrada, si las bajas se sustituyen por trabajo en estado deteriorado.

Ese caso ilustra el límite general de los indicadores únicos: orientan la atención hacia lo que cuentan y hacen invisible lo que los sustituye.

Para recordar

El término abarca dos sentidos distintos, lo que mantiene una confusión duradera.

Las estimaciones de coste dependen por entero de la hipótesis de caída de rendimiento adoptada.

Seguir solo la tasa de absentismo puede mostrar una mejora allí donde la situación se degrada.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

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