El número de Dunbar, una extrapolación convertida en ley
Ciento cincuenta relaciones estables: la cifra circula por todas partes desde los años noventa. Su origen es una recta de regresión trazada sobre primates.
De dónde viene la cifra
Robin Dunbar publica a finales de los años ochenta y principios de los noventa trabajos que relacionan, en primates, el tamaño del neocórtex con el tamaño medio del grupo social. Obtiene una relación estadística entre ambos, que interpreta como la huella de una restricción cognitiva.
La idea, conocida después como hipótesis del cerebro social, es que mantener relaciones individualizadas consume recursos mentales, y que esos recursos limitan el número de compañeros a los que un individuo puede seguir. La hipótesis se refiere a la evolución de las especies, no a los individuos.
Al situar en esa recta el valor humano, obtiene una predicción de unos ciento cincuenta. La cifra es, por tanto, una extrapolación a partir de una regresión entre especies, no una medición efectuada en humanos, y hereda todas las incertidumbres de esa regresión.
Las comprobaciones históricas
Dunbar buscó después confirmaciones en datos de campo: tamaños de aldeas en sociedades agrarias, unidades militares, listas de felicitaciones, agendas. Varias de esas observaciones se sitúan en el orden de magnitud anunciado, lo que contribuyó mucho a la difusión de la cifra.
Esas confirmaciones son selectivas y heterogéneas: se refieren a objetos muy distintos, reunidos después de formular la hipótesis, cosa que los críticos han señalado. Una compañía militar y una lista de tarjetas de felicitación no miden lo mismo, y nada indica cuántos ejemplos contrarios se descartaron.
El reanálisis de 2021
Patrik Lindenfors, Andreas Wartel y Johan Lind publican en 2021 un reanálisis de la relación entre neocórtex y tamaño de grupo, con métodos estadísticos que tienen en cuenta el parentesco entre especies y que evitan tratar como independientes especies emparentadas.
Concluyen que el intervalo de confianza en torno al valor humano es extremadamente amplio, de unas decenas a varios centenares, lo que deja la cifra única sin significación estadística. Su crítica no niega todo límite; lo que discute es que pueda cuantificarse de ese modo.
La respuesta y el estado del debate
Dunbar respondió que la crítica afecta a una sola de las fuentes de prueba y descuida los datos de comportamiento. El debate no está zanjado y versa menos sobre la existencia de un límite cognitivo que sobre la posibilidad de fijar su valor.
Los trabajos sobre redes personales sí encuentran órdenes de magnitud, con una dispersión considerable entre individuos, lo que es compatible con una restricción flexible y no con un número fijo. Una red de cuarenta personas y una de trescientas son, una y otra, configuraciones corrientes.
Lo que sigue siendo útil
La estructura en capas propuesta por Dunbar y sus colegas, en la que el número de relaciones crece por escalones a medida que decrece la intensidad, está mejor sostenida empíricamente que el valor central. Las capas más íntimas reúnen a pocas personas, y es su composición la que más varía.
Los datos de contacto, en particular telefónicos, encuentran una jerarquía de esa forma en la mayoría de las personas estudiadas, sin que los umbrales exactos se reproduzcan de un estudio a otro. Lo que se repite es una forma, no una lista de números.
Para recordar
La cifra procede de una extrapolación a partir de una regresión sobre primates, no de una medición humana.
El reanálisis de 2021 concluye que el intervalo de confianza es demasiado amplio para retener un valor único.
La estructura en capas de intensidad decreciente está mejor sostenida que el propio número central.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
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