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Emociones y sociedad

Las emociones en la escuela

Bajo el nombre de competencias psicosociales, los programas escolares se han hecho cargo de un objeto que hace treinta años no tenía allí lugar. Las evaluaciones disponibles son alentadoras y limitadas.

Por R. Doucet, Historia y antropología de las emocionesPublicado el 2 min

De dónde viene la categoría

La expresión competencias psicosociales es la traducción francesa de una noción promovida por la Organización Mundial de la Salud ya en 1993, con una perspectiva de salud pública más que pedagógica. Designa la capacidad de responder con eficacia a las exigencias de la vida cotidiana.

El mundo anglosajón emplea por su parte la expresión aprendizaje socioemocional, estructurada en torno a cinco ámbitos: conciencia de uno mismo, regulación, conciencia del otro, competencias relacionales, decisión responsable. Ambos vocabularios se solapan en buena medida sin confundirse.

Lo que dicen las evaluaciones

El metaanálisis publicado en 2011 por Joseph Durlak y sus colegas abarca más de doscientos programas escolares y varios cientos de miles de alumnos. Comunica efectos positivos sobre las conductas sociales, sobre el malestar declarado y también sobre los resultados escolares, punto este último que ha pesado mucho en la difusión de esos dispositivos.

Los tamaños de efecto son pequeños o medios, lo que es corriente en educación. Las reservas atañen a la calidad desigual de los protocolos, al hecho de que las medidas las cumplimentan a menudo los docentes que aplicaron el programa, y al riesgo de publicación preferente de los resultados positivos.

El marco francés

Santé publique France publicó en 2022 un referencial que define esas competencias y las clasifica en tres categorías, cognitivas, emocionales y sociales, y ese mismo año se publicó una estrategia nacional multisectorial con un horizonte de largo plazo.

La incorporación a los programas sigue siendo progresiva y desigual según los niveles y las academias. Las evaluaciones francesas disponibles son menos numerosas que las anglosajonas, lo que obliga a la prudencia ante cualquier trasposición directa de los efectos medidos en otra parte.

Dos confusiones que descartar

Esos programas no son asistencia sanitaria. Se dirigen a clases ordinarias, no apuntan a trastorno alguno, y el personal que los conduce no es sanitario. Presentarlos de otro modo expone a expectativas que el dispositivo no puede satisfacer.

Tampoco consisten en evaluar a los alumnos por sus emociones, cosa que la mayoría de los referenciales excluye explícitamente. Una nota sobre la expresión emocional sería una nota sobre la persona, no sobre un aprendizaje.

La cuestión que queda abierta

Un debate atraviesa este campo sin zanjarse: ¿esos dispositivos buscan dotar de herramientas a los alumnos o volver soportables unas condiciones escolares que producen ellas mismas parte de la dificultad? La pregunta es la misma que se plantea a las empresas a propósito del trabajo emocional.

No invalida los programas, cuyos efectos están medidos. Recuerda que un dispositivo centrado en las personas nada dice del entorno que las rodea, y que más vale saberlo antes de esperar demasiado de él.

Para recordar

Competencias psicosociales y aprendizaje socioemocional designan conjuntos próximos, procedentes uno de la salud pública y otro de la educación.

El metaanálisis de 2011 comunica efectos pequeños o medios, también sobre los resultados escolares, con reservas metodológicas.

Esos programas no son asistencia sanitaria y no tienen por objeto calificar a los alumnos por sus emociones.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

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