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El papel de confidente

Algunas personas reciben confidencias sin haberlas pedido. El papel es útil, rara vez es recíproco y nunca se contabiliza.

Por K. Berthier, Percepción del otro y señales no verbalesPublicado el 2 min

Cómo se instala el papel

Nadie decide ser confidente. El papel se instala por repetición: una primera conversación va bien, el interlocutor vuelve, otros se enteran, y al cabo de unos años la función está establecida sin haberse discutido jamás.

Lo que lo desencadena es identificable: una escucha que no corta, una ausencia de juicio visible y, sobre todo, una discreción comprobada. Las tres se advierten pronto en un grupo y son raras.

La asimetría

La particularidad de ese papel es que no se intercambia. Quien recibe sabe cosas de mucha gente, y mucha gente no sabe casi nada de él. La asimetría no es querida: se deriva de la posición, puesto que a nadie se le ocurre preguntar a quien escucha.

Se añade un obstáculo práctico. Confiarse supone encontrar a alguien que no haya venido ya a confiarse, y el número de candidatos se reduce a medida que el papel se extiende.

Qué recubre la carga

Escuchar no es una operación neutra. Los trabajos que distinguen el malestar empático de la compasión sugieren que el primero, que consiste en compartir el estado penoso, va acompañado de afecto negativo y agota, mientras que la segunda sostiene la acción.

La expresión fatiga por compasión, empleada en el mundo del cuidado desde los años noventa, designa ese agotamiento. Si el análisis anterior es correcto, la expresión nombra lo contrario de su causa: no es la compasión la que desgasta, es el malestar compartido.

La obligación implícita

Una confidencia compromete a quien la recibe: crea una expectativa de disponibilidad futura, una obligación de secreto y a veces una posición de árbitro entre dos personas que se confían ambas. Ninguna de esas obligaciones se ha aceptado explícitamente.

Eso vuelve difícil la retirada. Decir que no se está disponible ese día se lee como un rechazo de la relación entera, cuando solo atañe a un momento. El papel no prevé interrupción.

Lo que nada obliga

No hay aquí consejo que dar, y esta revista no lo da. Hay una constatación: la disponibilidad afectiva es un servicio prestado, tiene un coste medible y no aparece en contabilidad alguna, ni doméstica, ni profesional, ni amistosa.

Nombrarlo no cambia nada de la situación. Cambia en cambio la lectura que de ella hace quien lo ocupa, que a menudo se reprocha un cansancio cuya fuente no identifica.

Para recordar

El papel de confidente se instala por repetición, sin haberse discutido jamás.

Es estructuralmente asimétrico: quien escucha encuentra con dificultad con quién hablar.

La carga procede del malestar compartido más que de la compasión, y no aparece en contabilidad alguna.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

El test Civix sitúa sus convicciones en seis dimensiones y lo vincula a uno de los doce perfiles, sin decirle nunca qué pensar.

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