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Trabajos y métodos

El mito del ochenta por ciento

La inteligencia emocional explicaría el 80 % del éxito profesional, y el cociente intelectual el 20 %. Ese reparto no procede de ningún estudio.

Por V. Lasserre, Psicometría y validez de las medidasPublicado el 2 min

Una cifra sin fuente

La fórmula aparece en los materiales de formación, los artículos de gestión y las presentaciones comerciales, casi siempre sin referencia. Cuando se indica una fuente, remite a una obra de divulgación, que a su vez remite a una intuición y no a una medición.

Ninguna investigación publicada establece ese reparto. No se trata de un resultado discutido o frágil: se trata de una cifra que nunca ha existido bajo esa forma.

El origen del razonamiento

El punto de partida es real. Los estudios de psicología del trabajo comunican que las medidas de aptitud cognitiva explican una parte limitada de la varianza del rendimiento profesional, variable según los oficios y los criterios adoptados.

El error consiste en tratar el resto como un bloque y atribuirlo a un factor único. Ese resto contiene el medio social, la formación recibida, la salud, la antigüedad, la calidad de la gestión, la coyuntura del sector y una parte de azar. Nada autoriza a darle un solo nombre.

Lo que dicen realmente las síntesis

Los metaanálisis publicados hacia 2010, en particular por Dana Joseph y Daniel Newman y después por Ernest O'Boyle y sus colegas, hallan un vínculo positivo entre inteligencia emocional y rendimiento laboral. Es débil y más nítido para los instrumentos llamados mixtos, que contienen rasgos de personalidad ya medidos en otra parte.

Hallan también un efecto de contexto más interesante que la media general: el vínculo se refuerza en los empleos donde el trabajo emocional es central y se acerca a cero en el resto. Evaluar a todos los candidatos de una empresa con el mismo instrumento equivale, por tanto, a medir para la mayoría de los puestos algo sin relación con la tarea.

Por qué la cifra aguanta tan bien

Una cifra redonda, memorizable, que invierte una jerarquía establecida y halaga a quienes la escuela sirvió peor, reúne todas las condiciones de la circulación. Proporciona además un argumento de venta inmediato para formaciones difíciles de evaluar de otro modo.

Su longevidad se debe también a que nadie la comprueba: siempre se supone que el auditorio conoce la fuente, y la fórmula la repiten de buena fe personas que la oyeron en otra parte.

Lo que habría que decir en su lugar

Una formulación defendible se parecería a esto: existen diferencias interindividuales estables en el tratamiento de la información emocional, se miden imperfectamente, mantienen un vínculo positivo y modesto con el rendimiento en los oficios de fuerte exigencia relacional y están ampliamente cubiertas por la personalidad.

Es netamente menos vendible. Es también lo que puede sostenerse ante alguien que pide las referencias, que es el único criterio que vale.

Para recordar

El reparto 80/20 entre inteligencia emocional y cociente intelectual no procede de ningún estudio.

El error consiste en atribuir a un factor único todo lo que las aptitudes cognitivas no explican.

El vínculo real es débil y está presente sobre todo en los oficios de fuerte exigencia relacional.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

El test Civix sitúa sus convicciones en seis dimensiones y lo vincula a uno de los doce perfiles, sin decirle nunca qué pensar.

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