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Cultivar un vínculo

Cuántas horas hacen falta para ser amigos

Un estudio de 2019 propuso umbrales horarios precisos, muy difundidos. Su método invita a leer esas cifras como un orden de magnitud, no como una medición.

Por Y. Moreau, Formación y final de los vínculosPublicado el 3 min

El estudio

Jeffrey Hall publica en 2019 dos encuestas, una a personas que habían cambiado de residencia recientemente y otra a estudiantes de primer curso, en las que los participantes estimaban el tiempo pasado con un nuevo conocido y calificaban la relación obtenida.

De ahí extrae unos umbrales: varias decenas de horas para pasar de conocido a amigo ocasional, un centenar para un amigo, más de doscientas para un amigo íntimo. Son esas tres cifras, y no el razonamiento que las rodea, las que han circulado.

La elección de las dos poblaciones no es casual. Una mudanza o el comienzo del curso universitario sitúan a las personas en un periodo en el que muchas relaciones empiezan a la vez, lo que facilita la observación pero las convierte en situaciones poco representativas de la vida adulta corriente.

Cómo se obtuvieron esas cifras

El tiempo pasado lo estiman los propios participantes, de forma retrospectiva. Se sabe que las estimaciones de duración son imprecisas y sensibles a la importancia atribuida a la relación: una velada memorable pesa más en el recuerdo que diez comidas anodinas.

La calificación de la relación también es declarativa y se hace en el mismo momento, lo que crea una posible circularidad: juzgar próxima una relación puede llevar a estimar que se le ha dedicado más tiempo. El sentido de la relación entre ambas variables queda, por tanto, indeterminado.

Qué establece el estudio pese a todo

Se encuentra la existencia de una relación creciente entre tiempo compartido y proximidad declarada, cosa nada evidente en un ámbito donde muchas relaciones antiguas se mantienen sin contacto frecuente.

Hall encuentra además que la naturaleza del tiempo cuenta: el tiempo de ocio compartido se asocia a la proximidad, el tiempo de trabajo compartido no o apenas, que es el resultado más interesante del artículo. Sugiere que el marco en el que las personas se frecuentan pesa tanto como la cantidad de presencia.

El papel de la conversación

Los mismos trabajos y otros encuentran que el contenido de los intercambios pesa más que su duración: las conversaciones que implican una revelación personal se asocian a una progresión más rápida de la proximidad declarada, resultado coherente con la teoría de la penetración social de Irwin Altman y Dalmas Taylor, formulada en 1973.

Esa observación relativiza los umbrales horarios: doscientas horas de presencia compartida sin conversaciones de ese tipo no producen el mismo resultado que cincuenta horas con ellas.

Cómo leer esas cifras

Un umbral preciso procedente de un estudio declarativo sobre una muestra reducida no debe leerse como una constante. Su valor consiste en indicar un orden de magnitud y, sobre todo, en hacer visible que el tiempo es un recurso escaso, que las relaciones se disputan entre sí.

La difusión pública retuvo a menudo la cifra olvidando el método, configuración ya habitual para los resultados fáciles de memorizar. Un número redondo se transmite mejor que una salvedad metodológica, y precisamente por eso merece ir acompañado de la suya.

Para recordar

Los umbrales proceden de estimaciones retrospectivas hechas por los propios participantes.

El tiempo de ocio compartido se asocia a la proximidad; el tiempo de trabajo compartido, mucho menos.

El contenido de las conversaciones pesa más que su duración acumulada.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

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