Quedarse, marcharse: el modelo de la inversión
La satisfacción no basta para explicar por qué se queda uno. Un modelo publicado en 1980 añade dos factores y da cuenta de situaciones que el sentido común juzga irracionales.
Una pregunta mal planteada
Se explica de buen grado el mantenimiento de una relación por la satisfacción que se obtiene de ella: uno se queda porque está bien. La observación contradice esa explicación, puesto que personas insatisfechas se quedan mucho tiempo y personas satisfechas se marchan.
La psicóloga estadounidense Caryl Rusbult propuso en 1980 un modelo que da cuenta de esa distancia, distinguiendo la satisfacción del compromiso y añadiendo dos factores a la primera.
Tres factores
El primero es la satisfacción, es decir, la diferencia entre lo que la relación aporta y lo que se esperaba. El segundo es la calidad de las alternativas percibidas: lo que uno estima que podría obtener en otra parte, incluida la soledad, que es una alternativa por derecho propio.
El tercero es la inversión: todo lo comprometido que se perdería al marcharse, tiempo, bienes comunes, relaciones construidas con el entorno del otro, proyectos. Ese factor actúa con independencia de los dos primeros, y es la aportación principal del modelo.
Lo que el modelo explica
Da cuenta de situaciones que el sentido común juzga incoherentes. Una persona poco satisfecha pero muy invertida, y que percibe pocas alternativas, se queda; una persona satisfecha pero poco invertida, con numerosas alternativas, se marcha. El compromiso no es la satisfacción.
Ilumina también por qué los períodos de transición, mudanza, cambio de entorno, separación de un medio común, van acompañados a menudo de rupturas: modifican de golpe las alternativas percibidas y el valor de la inversión.
La proximidad con los costes hundidos
El factor de inversión recuerda un sesgo conocido en economía, el de los costes hundidos: se prosigue un compromiso porque ya se le han dedicado recursos, cuando esos recursos están perdidos pase lo que pase y no deberían pesar en la decisión.
El paralelismo tiene sus límites. En una relación, parte de la inversión no se pierde en caso de ruptura, y lo construido puede tener un valor en sí. El modelo describe un mecanismo, no dice que quedarse sea un error de razonamiento.
El uso que puede hacerse de él
El modelo es descriptivo, no prescribe nada. Lo que permite es distinguir tres razones para quedarse que la palabra quedarse confunde: porque se está bien, porque no se ve nada mejor o porque se ha comprometido demasiado.
Las tres razones son legítimas y no llaman a las mismas conclusiones. Saber cuál pesa más, en un momento dado, es una información que poca gente se da.
Para recordar
El modelo de Rusbult, publicado en 1980, distingue el compromiso de la satisfacción y le añade las alternativas percibidas y la inversión.
Una persona poco satisfecha pero muy invertida, con pocas alternativas, se queda: no es una incoherencia.
El modelo describe tres razones para quedarse que el lenguaje corriente confunde, sin decir cuál sería la buena.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
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