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Psicología

Miedo, cólera, esperanza: lo que las emociones hacen al juicio político

Las emociones no son parásitos que vendrían a perturbar un razonamiento por lo demás limpio. Orientan la atención, y cada una la orienta de otro modo.

Por C. Broussard, Diseño de cuestionariosPublicado el Actualizado el 3 min

Emociones de efectos distintos

Los trabajos sobre la evaluación emocional, en particular los de Jennifer Lerner y Dacher Keltner, han mostrado que dos emociones negativas pueden producir juicios opuestos. El miedo tiende a acrecentar la percepción del riesgo y a favorecer la prudencia, mientras que la cólera tiende a reducirla y a favorecer la acción, al tiempo que empuja a buscar un responsable.

Esa distinción es importante, porque a menudo se colocan el miedo y la cólera en una misma categoría de emociones negativas que supuestamente oscurecen el juicio. No lo oscurecen del mismo modo: una estrecha la atención sobre la amenaza, la otra sobre el presunto autor.

Tiene una consecuencia práctica inmediata. Un mismo hecho presentado de modo que suscite miedo o cólera producirá respuestas distintas ante la misma pregunta, sin que se haya aportado ninguna información nueva. Es precisamente lo que trabajan los profesionales de la comunicación.

La esperanza y el entusiasmo no son más neutros

Las emociones positivas tienen también sus efectos propios: aumentan la tolerancia al riesgo y la atención prestada a las ganancias posibles, al tiempo que reducen el examen de los escenarios desfavorables. Una propuesta presentada en un registro entusiasmante se somete menos a menudo a la cuestión del coste.

No hay, por tanto, ninguna emoción recomendable ni ninguna emoción que proscribir para juzgar bien. Hay efectos sistemáticos cuyo conocimiento permite saber qué comprobación nos falta en un momento dado.

Una emoción merece una mención particular: el asco. Los trabajos que se han interesado por él observan que vuelve los juicios más categóricos y menos sensibles a los argumentos, probablemente porque señala una evitación más que un problema que resolver. Cuando un debate se desplaza hacia ese registro, la persuasión deja de operar.

Emoción e información no se oponen

La idea de un ciudadano idealmente frío, que juzga sin afecto, no corresponde a nada conocido. Los trabajos en neurociencia de la decisión muestran que la ausencia de evaluación afectiva no produce mejores decisiones sino decisiones interminables, a falta de un criterio para decidir entre opciones aceptables.

La emoción desempeña así un papel de señal: indica lo que cuenta para nosotros y, por tanto, en qué dirección buscar. El problema no es que intervenga, es que decida sola, sin que se haya hecho la comprobación correspondiente.

Utilizar la información en lugar de combatirla

Una emoción fuerte ante una pregunta es en sí misma un dato: señala que la pregunta toca algo que cuenta para usted. Suprimirla no mejora el juicio, mientras que nombrarla permite elegir la comprobación apropiada.

Bajo el efecto del miedo, busque los escenarios en los que el riesgo se sobrestima y los casos en los que la medida temida ya se ha aplicado en otra parte. Bajo el efecto de la cólera, examine si hay realmente un responsable identificable o si el daño resulta de un encadenamiento sin autor. Bajo el efecto del entusiasmo, busque el coste que nadie ha cifrado.

Qué cambia esto en un cuestionario

Los ítems que provocan en usted una reacción inmediata merecen una segunda mirada, no porque su respuesta sea falsa, sino porque ahí se juega lo esencial de su posición. Son también aquellos en los que su respuesta variaría más según el contexto del día.

A la inversa, las preguntas que le dejan frío producen respuestas estables pero poco informativas sobre lo que le compromete. Un perfil se lee mejor cuando se sabe distinguir ambas cosas.

Para recordar

El miedo acrecienta la percepción del riesgo, la cólera la disminuye y busca un responsable.

Las emociones positivas reducen el examen de los escenarios desfavorables; el asco vuelve categóricos los juicios.

La ausencia de evaluación afectiva no produce mejores decisiones, sino decisiones interminables.

Nombrar la emoción permite elegir la comprobación que falta, en lugar de pretender prescindir de ella.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

El test Civix sitúa sus convicciones en seis dimensiones y lo vincula a uno de los doce perfiles, sin decirle nunca qué pensar.

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