El pudor es una norma, y cambia
Lo que conviene mostrar, a quién y dónde, no tiene nada de universal ni de estable. Los historiadores siguen sus desplazamientos desde la Edad Media.
Las reglas de exhibición
La psicología llama reglas de exhibición, desde 1969, a las convenciones sociales que determinan qué debe mostrarse, atenuarse, intensificarse o enmascararse. Varían según la cultura, pero también según el estatus de los interlocutores, el lugar y el tipo de estado en cuestión.
El experimento de referencia compara a espectadores japoneses y estadounidenses ante una película penosa, solos y luego en presencia de una figura de autoridad. El contexto social modifica lo que se ve, sin que pueda deducirse qué se vive.
Lo que han documentado los historiadores
Los trabajos de historia de las sensibilidades describen, de la Edad Media a la época clásica, un estrechamiento progresivo de lo que es conveniente manifestar en público: la ira del poderoso, las lágrimas del hombre, las manifestaciones ruidosas del duelo, toleradas e incluso esperadas en ciertas épocas, se vuelven incongruentes en otras.
Ese movimiento no es lineal ni universal, y los historiadores discuten su amplitud. Lo que establecen sin dificultad, en cambio, es que la norma actual no es la norma natural: está fechada y ya ha cambiado varias veces.
El caso de las lágrimas
Las lágrimas ofrecen el mejor observatorio. Llorar en público ha sido, según las épocas y los medios, una señal de piedad, una marca de sensibilidad valorada, una debilidad que ocultar, una prueba de sinceridad política y, de nuevo, una inconveniencia profesional.
Todavía hoy, la misma lágrima no tiene el mismo sentido según quién la vierta y dónde. La variación no es residual: es el fenómeno principal, y toda lectura que la descuide se equivoca de objeto.
Una variación entre países
Un estudio publicado en 2015 propuso una explicación para la variación de las normas de sonrisa entre países: allí donde la población resulta de una historia migratoria larga y diversa, la sonrisa estaría más valorada como señal de vínculo, a falta de códigos compartidos; allí donde es históricamente homogénea, se leería más a menudo como un marcador de jerarquía o de intención.
La hipótesis descansa en correlaciones a escala de países, con todas las precauciones que ello impone. Tiene el mérito de recordar que una expresión tan elemental como una sonrisa no se lee igual en todas partes.
Por qué esto concierne a cada cual
Una persona poco expresiva en un medio demostrativo pasa por fría; la misma, en un medio contenido, pasa por normal. No es ella quien cambia, es la norma de referencia, y el juicio versa en realidad sobre la distancia.
También vale para los cuestionarios: responder que uno es más bien reservado supone una comparación implícita con un entorno, que no es el mismo para todos. Ese sesgo, conocido como efecto del grupo de referencia, falsea parte de las comparaciones entre poblaciones.
Para recordar
Las reglas de exhibición determinan lo que conviene mostrar y varían según la cultura, el estatus y el lugar.
La historia de las sensibilidades muestra que la norma actual está fechada y ya ha cambiado varias veces.
Un juicio sobre la expresividad de alguien versa en realidad sobre su distancia respecto a una norma local.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
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