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Lo que dice la investigación

La ilusión de conocer bien al otro

Cuanto más dura una relación, más se cree adivinar lo que el otro piensa. La confianza en esa lectura aumenta; su exactitud, no.

Por H. Sorel, Métodos de los estudios relacionalesPublicado el 2 min

Un efecto medido

Varios trabajos de psicología social han comparado, en parejas de larga duración y en desconocidos, dos magnitudes distintas: la precisión con la que cada uno adivina las preferencias o las intenciones del otro, y la confianza que concede a su propia lectura.

El resultado es regular. La confianza aumenta netamente con la duración de la relación; la precisión, mucho menos, y a veces nada en absoluto. La distancia entre ambas se llama sesgo de proximidad, y es tanto mayor cuanto más tiempo hace que se conocen.

Por qué la proximidad engaña

Se combinan dos mecanismos. El primero es la acumulación de información: al cabo de diez años se dispone de tantos elementos que resulta fácil producir una explicación coherente de cualquier comportamiento, incluso falsa. La coherencia no es la exactitud.

El segundo es la caída de la comprobación. Ante un desconocido, se pregunta. Ante alguien a quien se conoce, se supone, y la ocasión de salir del error desaparece con la pregunta que no se hizo.

La ilusión de transparencia

Un fenómeno vecino actúa en sentido inverso. Sobrestimamos con regularidad hasta qué punto nuestros propios estados internos son perceptibles para los demás: lo que nos parece evidente desde dentro sigue siendo a menudo invisible desde fuera.

Ambos sesgos se refuerzan. Uno cree haber señalado su estado, el otro cree haberlo comprendido, y nadie comprueba. El reproche que sigue, podrías haberte dado cuenta, descansa exactamente en ese doble error.

Lo que esto cambia en la práctica

La consecuencia más directa afecta a las conclusiones extraídas de un silencio, de un tono o de una ausencia de reacción. Esas lecturas no son más fiables al cabo de quince años, solo se las tiene por más fiables, lo que las vuelve menos comprobables.

El remedio es corriente e impopular: hacer una pregunta cuya respuesta se cree conocer. Parece superflua, y es precisamente lo que la familiaridad ha suprimido.

Los límites del resultado

Estos trabajos se refieren a tareas de laboratorio, adivinar preferencias, interpretar una frase ambigua, y no a la comprensión de conjunto de una persona. Sería excesivo concluir que el conocimiento del otro no progresa con el tiempo.

Lo que establecen es más estrecho y suficientemente útil: la confianza en nuestras lecturas progresa más deprisa que su exactitud, y esa distancia no es perceptible desde dentro.

Para recordar

Con la duración de una relación, la confianza en nuestras lecturas del otro aumenta netamente más que su exactitud.

Sobrestimamos además la visibilidad de nuestros propios estados: ambos sesgos se combinan en un malentendido que nadie comprueba.

Hacer una pregunta cuya respuesta se cree conocer es el remedio, y la familiaridad es precisamente lo que lo ha suprimido.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

El test Civix sitúa sus convicciones en seis dimensiones y lo vincula a uno de los doce perfiles, sin decirle nunca qué pensar.

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