El juego de fingir, qué indica
Hacia los dos años, un niño empieza a tratar un palo como un teléfono. Esa conducta es un marcador sólido; lo que produce está mucho menos establecido.
La aparición
El juego de fingir aparece en el segundo año y se complejiza después: sustitución de objeto, atribución de propiedades ausentes y luego escenarios con varios papeles a partir de los tres o cuatro años. Piaget lo había descrito con el nombre de juego simbólico y veía en él una de las manifestaciones de la función simbólica, al igual que la imitación diferida y los inicios del lenguaje.
Su secuencia de aparición es regular y se encuentra en los contextos estudiados, incluso cuando los soportes difieren mucho. Su contenido, en cambio, refleja de cerca las actividades observables en torno al niño.
Qué supone
Fingir exige mantener a la vez dos representaciones de un mismo objeto, lo que es y lo que representa, sin confusión. Esa doble representación fue analizada por Alan Leslie ya en 1987 como precursora de la atribución de estados mentales. Un niño que da de beber a una muñeca con una taza vacía sabe que la taza está vacía, y es precisamente ese saber lo que hace posible el juego.
La hipótesis de un vínculo con la teoría de la mente se apoya en ese parentesco lógico. Los datos correlacionales la sostienen débilmente, y los escasos estudios de intervención no han producido un resultado claro.
El debate sobre los efectos
Angeline Lillard y sus colegas publicaron en 2013 una revisión sistemática de los trabajos que afirmaban que el juego de fingir causa progresos cognitivos, lingüísticos o sociales.
Su conclusión es que las pruebas de un efecto causal son débiles, que los estudios positivos presentan a menudo defectos de control y que no se descarta la hipótesis de un simple marcador del desarrollo, más que de un motor.
Esta revisión no afirma que el juego de fingir carezca de efecto. Constata que los estudios disponibles no permiten demostrarlo, lo que deja abierta la posibilidad de un efecto que protocolos mejor controlados todavía no han medido.
Las variaciones culturales
La frecuencia y la forma del juego de fingir varían mucho según los contextos, en particular según participen o no los adultos. En varias sociedades estudiadas, el juego transcurre entre niños, sin participación adulta. Las descripciones etnográficas recogen también contextos en los que los adultos valoran poco este juego, sin que ello impida su aparición en los niños.
Esas observaciones invitan a distinguir lo universal, la aparición de la conducta, de lo local, su forma y el papel que en ella adoptan los adultos.
Qué permite la observación
La ausencia de juego de fingir a una edad en que se espera figura entre los signos recogidos en las herramientas de detección de trastornos del desarrollo, en combinación con otros indicios y nunca de forma aislada.
Es el principal uso establecido de esta observación: un indicador clínico entre otros, más que una palanca sobre la que actuar para obtener un efecto medible. La diferencia entre esos dos estatus, signo o causa, es la que atraviesa toda la literatura sobre el tema.
Para recordar
La secuencia de aparición es regular; el contenido del juego refleja el entorno observable.
La revisión de 2013 concluye que las pruebas de un efecto causal sobre el desarrollo son débiles.
La ausencia de juego de fingir es un signo de detección clínica, nunca tomado de forma aislada.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
Y usted, ¿dónde se sitúa?
El test Civix sitúa sus convicciones en seis dimensiones y lo vincula a uno de los doce perfiles, sin decirle nunca qué pensar.
Empezar mi test