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Los círculos

La fuerza de los vínculos débiles, cincuenta años después

Un artículo de 1973 sostenía que los conocidos lejanos son más útiles que los allegados para encontrar empleo. Un experimento de 2022 lo puso a prueba con veinte millones de personas.

Por G. Cazal, Redes personales y sociabilidadPublicado el 3 min

El argumento de 1973

Mark Granovetter publica un artículo que se convirtió en uno de los más citados de las ciencias sociales. Su razonamiento es estructural: los allegados frecuentan a las mismas personas que nosotros y poseen, por tanto, la misma información. Lo que ellos saben, a menudo ya lo sabemos.

Los vínculos débiles, en cambio, conectan grupos que no se solapan. Son ellos los que hacen circular información nueva, cosa que Granovetter documenta mediante una encuesta a directivos que habían encontrado un puesto por una relación, desarrollada después en su libro Getting a Job, publicado en 1974.

El argumento tiene un estatus particular: no dice nada del valor afectivo de los vínculos, solo de su posición en la estructura. Un vínculo débil no es ahí un vínculo de menor calidad sino un puente, y es esa función de paso la que hace su fuerza.

Qué mostraba la encuesta de origen

La muestra era reducida y local, compuesta por profesionales de un suburbio de Boston. La proporción de puestos obtenidos por contactos poco frecuentes era allí mayor que por contactos frecuentes, resultado tanto más llamativo cuanto que contradecía la intuición.

Ese resultado no establecía un efecto causal: las personas que disponen de numerosos vínculos débiles difieren también por su posición social y su movilidad. Los trabajos posteriores, en particular los de Nan Lin sobre los recursos sociales, mostraron además que la posición del contacto contaba tanto como la debilidad del vínculo.

El experimento de 2022

Un equipo dirigido por Karthik Rajkumar, Guillaume Saint-Jacques, Iavor Bojinov, Erik Brynjolfsson y Sinan Aral publica en Science un análisis que aprovecha experimentos realizados por una red profesional sobre sus algoritmos de recomendación.

Esos experimentos, sobre decenas de millones de usuarios, modificaban el tipo de contactos sugeridos, lo que produce una variación casi aleatoria de la composición de las redes y permite una estimación causal. Es lo que faltaba desde hacía cincuenta años: un dispositivo en el que la debilidad de los vínculos no la eligen las personas.

Qué encuentra

Los vínculos moderadamente débiles producen el mayor número de cambios de empleo, más que los vínculos fuertes y que los muy débiles. La relación no es, por tanto, monótona: son los vínculos intermedios los que sostienen el efecto, probablemente porque combinan algo de confianza y algo de novedad.

Los autores señalan además que el efecto varía según los sectores y que es más marcado en los oficios donde la información circula por vía digital. Esa heterogeneidad recuerda que el argumento de 1973 describe un mecanismo cuyo alcance depende del mercado considerado.

Los límites de esa confirmación

El estudio se refiere a una plataforma concreta, en un contexto profesional cualificado, y mide cambios de empleo observados en esa plataforma. Su alcance fuera de ese perímetro no está establecido, en particular para los empleos poco cualificados o los mercados en los que la contratación pasa por otros canales.

Suscitó además una discusión ética sobre la experimentación algorítmica sin consentimiento explícito, cuestión distinta de la validez del resultado pero que ocupó parte del debate.

Para recordar

El argumento de 1973 es estructural: los allegados poseen la misma información que nosotros.

El análisis de 2022 aporta una estimación causal sobre decenas de millones de usuarios.

Son los vínculos moderadamente débiles los que sostienen el efecto, no los más débiles.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

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