La falacia ecológica: lo que los mapas electorales no dicen de los electores
Constatar que un voto es más frecuente allí donde vive cierto grupo no dice que ese grupo vote así. Este deslizamiento, muy común, tiene nombre desde hace más de setenta años.
Una relación entre territorios no es una relación entre personas
Un mapa electoral relaciona proporciones calculadas por municipio, por departamento o por mesa electoral. Muestra que un resultado es más alto en los territorios donde una característica es frecuente, pero no dice nada del comportamiento de las personas que tienen esa característica.
Pasar de lo uno a lo otro es una inferencia, no una observación. El razonamiento parece natural porque el mapa es legible y el vínculo parece evidente, cuando puede ser engañoso, incluso invertido, sin que nada en el mapa lo señale.
La demostración de Robinson
William Robinson formalizó el problema en 1950, en un artículo de la American Sociological Review dedicado a las correlaciones ecológicas. Compara en él correlaciones calculadas sobre estados de Estados Unidos con las mismas correlaciones calculadas sobre individuos.
En la relación entre haber nacido en el extranjero y saber leer, los dos niveles daban resultados de signo opuesto. Los inmigrantes se habían instalado en estados donde el resto de la población leía más, lo que bastaba para invertir el vínculo agregado.
Por qué divergen los dos niveles
La primera razón es la composición. Un territorio reúne grupos distintos, y el resultado de conjunto puede proceder de cualquiera de ellos. Un voto elevado en un municipio obrero puede provenir de los habitantes que no son obreros.
La segunda es el contexto. Vivir en cierto entorno puede influir en cada cual, sea cual sea su situación personal. Este mecanismo es real e interesante, pero es distinto del que se cree leer cuando se atribuye un voto a un grupo.
También existe el error inverso
Sacar conclusiones sobre territorios a partir de datos individuales plantea un problema simétrico. Una encuesta por muestreo describe personas, pero puede pasar por alto los efectos de contexto, los que dependen del lugar y del entorno más que de las características de cada cual.
Los datos agregados conservan, por tanto, un valor propio. Describen bien los territorios y permiten seguir evoluciones a lo largo del tiempo. Algunos métodos de inferencia ecológica intentan reconstruir los comportamientos individuales, a costa de hipótesis que siempre hay que explicitar.
Cómo leer un mapa
El reflejo consiste en reformular. En lugar de decir que un grupo vota de cierta manera, se dice que ese voto es más frecuente en los territorios donde ese grupo es numeroso. La frase es menos llamativa, pero es exacta.
Para saber cómo vota un grupo hacen falta datos individuales, procedentes de encuestas, con sus propios límites. Cuando las dos fuentes concuerdan, la conclusión se refuerza; cuando divergen, suele ser señal de un efecto de composición.
La misma prudencia vale para situarse uno mismo. El perfil político de un lugar no dice nada del de cada uno de sus habitantes, y uno puede perfectamente pensar a contracorriente de su barrio o de su región.
Para recordar
Una correlación entre territorios no informa sobre el comportamiento de los individuos.
La composición y los efectos de contexto explican que los dos niveles puedan divergir, hasta invertirse.
Para describir un grupo hacen falta datos individuales; para describir un territorio bastan los datos agregados.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
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