La diversificación alimentaria, unas recomendaciones que cambiaron dos veces
La edad aconsejada para introducir ciertos alimentos se retrasó en los años dos mil y se adelantó en los años diez. El giro se apoya en ensayos precisos.
El primer movimiento
Al cambiar el siglo, varias sociedades científicas recomiendan retrasar la introducción de los alimentos considerados alergénicos, sobre la base de un razonamiento plausible: menos exposición temprana, menos sensibilización.
Esas recomendaciones se apoyaban sobre todo en estudios de observación y en un razonamiento fisiopatológico, sin ningún ensayo controlado que las hubiera puesto a prueba directamente. Tampoco eran uniformes: los umbrales de edad, la lista de alimentos afectados y la definición de los niños de riesgo variaban según los países y los organismos, lo que hacía heterogénea la propia práctica.
El ensayo que invirtió la recomendación
El ensayo británico publicado en 2015 con el nombre LEAP repartió al azar a lactantes de alto riesgo entre la introducción temprana del cacahuete y la evitación hasta los cinco años.
El ensayo, dirigido por el equipo de Gideon Lack, había reclutado a lactantes de cuatro a once meses con eczema grave, alergia al huevo o ambas cosas, criterios adoptados para definir el riesgo elevado. Sus conclusiones valen ante todo para esa población.
Los resultados mostraron una frecuencia de alergia bastante menor en el grupo de introducción temprana. Las recomendaciones se revisaron en varios países en los años siguientes, en sentido inverso al movimiento anterior.
Qué ilustra este episodio
Una recomendación fundada en un razonamiento coherente y en datos de observación fue contradicha por un ensayo. La configuración es clásica en salud pública, y es el argumento principal a favor de los ensayos cuando son viables.
Ilustra también el coste del retraso: entre la adopción de una recomendación y su prueba directa transcurrió más de una década durante la cual la práctica aconsejada iba en sentido contrario. Nada excluye que las recomendaciones actuales evolucionen a su vez a la luz de nuevos ensayos.
Lo que sigue siendo incierto
La edad óptima de inicio de la diversificación es objeto de recomendaciones convergentes en torno a los cuatro o seis meses, con formulaciones distintas según los organismos y un nivel de prueba moderado.
Las cuestiones de secuencia, textura y cantidad siguen poco probadas. Las recomendaciones sobre esos puntos se apoyan en buena medida en el consenso de expertos, cosa que los documentos oficiales indican de forma explícita.
Las formulaciones no siempre coinciden de un organismo a otro: la Organización Mundial de la Salud recomienda así la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, mientras que otras sociedades científicas enuncian un intervalo. Estas diferencias se deben en parte a contextos de aplicación distintos.
El peso de las normas locales
Las prácticas difieren mucho entre países vecinos, incluso allí donde las recomendaciones oficiales son parecidas. Los primeros alimentos introducidos, el orden y la forma varían según tradiciones culinarias más que según datos.
Conviene conocer esa variación: indica que muchas reglas presentadas como sanitarias son en realidad convenciones locales estables, lo que no las hace ni peligrosas ni necesarias.
Para recordar
Las recomendaciones de retrasar la introducción se apoyaban en un razonamiento y en datos de observación, no en un ensayo.
El ensayo LEAP publicado en 2015 mostró lo contrario para el cacahuete en lactantes de alto riesgo.
Secuencia, textura y cantidad siguen poco probadas y dependen sobre todo del consenso de expertos.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
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