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El vínculo

La carga de pensar en todo

Ejecutar una tarea y acordarse de que existe son dos trabajos distintos. El segundo no se ve, y eso es lo que vuelve su reparto tan difícil de discutir.

Por P. Lefèvre, Historia de las sensibilidadesPublicado el 2 min

Una noción antigua

La socióloga Monique Haicault propuso en 1984 la noción de carga mental para designar el trabajo de organización, planificación y anticipación que supone llevar un hogar, distinto de la ejecución de las tareas mismas.

La noción se popularizó mucho después, impulsada por trabajos y relatos difundidos a partir de la década de 2010. Su fortuna reciente enmascara su antigüedad, y la idea de que se trataría de un problema nuevo es inexacta.

Dos trabajos distintos

Vaciar el lavavajillas lleva seis minutos. Saber que está lleno, decidir el momento, comprobar que se ha hecho, son de otro orden: esas operaciones no tienen principio ni fin, y continúan cuando uno piensa en otra cosa.

Es esa diferencia de naturaleza la que vuelve delicado el reparto. Una persona puede realizar la mitad de las tareas sin llevar parte alguna de la organización, y la conversación que sigue da vueltas porque cada cual cuenta algo distinto.

El mecanismo del umbral

Un mecanismo simple explica parte de los desequilibrios observados, sin suponer mala voluntad. Quien tiene el umbral de tolerancia al desorden más bajo actúa primero, y esa delantera se convierte en un reparto permanente.

El mismo mecanismo vale para la anticipación: quien piensa primero en la matrícula, la cita o el regalo se convierte en quien siempre piensa en ello, y deja de poder no pensarlo voluntariamente en cuanto sabe que nadie más lo hará.

Por qué delegar no basta

La respuesta habitual consiste en pedir ayuda. Fracasa en tratar el problema, porque pedir supone haber identificado la tarea, es decir, haber realizado la parte invisible del trabajo. Quien ayuda solo asume la ejecución.

El único reparto que aligera consiste en atribuir ámbitos enteros, con la carga de pensar en ellos, y no tareas que ejecutar a petición. La diferencia es leve de enunciar y considerable de vivir.

Lo que la discusión debe evitar

Vuelven dos escollos. El primero consiste en llevar la cuenta, lo que transforma la conversación en un juicio y congela las posiciones. El segundo consiste en tratar la diferencia como un rasgo de carácter, lo que la vuelve indiscutible.

Plantear el problema en términos de reparto de un trabajo identificable, y no en términos de atención o de amor, es lo que lo vuelve negociable. Es también lo que permite a quien no llevaba la carga asumirla sin tener que reconocer una falta.

Para recordar

La noción de carga mental fue propuesta ya en 1984 por la socióloga Monique Haicault.

Ejecutar una tarea y pensar en la tarea son dos trabajos distintos, y solo el segundo es invisible.

Ayudar a petición no reduce la carga: solo la atribución de ámbitos enteros, con la responsabilidad de pensar en ellos, la desplaza.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

El test Civix sitúa sus convicciones en seis dimensiones y lo vincula a uno de los doce perfiles, sin decirle nunca qué pensar.

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