Civix Institute
Volver a la revista
Lo que ocurre dentro

Decir no sin levantar la voz

Afirmarse y perder los estribos son dos cosas distintas, y confundirlas cuesta caro en ambos extremos de la escala.

Por I. Ferrand, Regulación y vida emocionalPublicado el 2 min

Dos ejes que se toman por uno

El grado en que una persona expresa lo que no le conviene y el grado en que deja ver su estado son dos dimensiones distintas. Se puede poner un límite con voz perfectamente serena, y se puede manifestar mucho sin formular jamás una petición.

La confusión de ambos produce dos errores simétricos. El primero consiste en creer que uno se ha afirmado porque ha perdido los estribos. El segundo consiste en prohibirse decir no por miedo a parecer agresivo, cuando la cuestión del tono se resuelve por separado.

El coste diferido de la acomodación

Ceder en lo que importa preserva el clima inmediato, y ese beneficio es real: la escena no tiene lugar, la jornada continúa. El coste, en cambio, no aparece en el mismo momento, lo que lo vuelve difícil de imputar.

Adopta dos formas documentadas. Una acumulación, que acaba produciendo una reacción desproporcionada respecto al último episodio y perfectamente proporcionada respecto a la serie. Y un efecto de información: el entorno ignora que se ha cruzado un límite, puesto que no se ha señalado, y vuelve a empezar de buena fe.

El coste inmediato de la afirmación

Poner un límite produce incomodidad, a veces un conflicto, y esa incomodidad es inmediata, visible y atribuible a quien habló. Es la asimetría fundamental del problema: el coste de decir se ve enseguida, el coste de callar se ve más tarde y en otra parte.

Ese desequilibrio explica que la acomodación sea el reflejo mayoritario, incluso en personas que no se describen en absoluto como conciliadoras. No se trata de un rasgo de carácter sino de un cálculo cuyos términos están sesgados por el calendario.

Lo que cambia la formulación

Los trabajos sobre la conducción de entrevistas distinguen desde hace tiempo el enunciado que versa sobre la conducta y el que versa sobre la persona. Decir que un plazo se anunció y después se desplazó tres veces es una descripción comprobable. Decir que alguien es desorganizado es una caracterización, y llama a una defensa antes que a una respuesta.

La diferencia no es de cortesía. Una descripción puede discutirse, corregirse o reconocerse. Una caracterización deja al otro solo dos salidas, aceptarla o cuestionarla, y la conversación versa entonces sobre él y no sobre la situación.

Ningún buen nivel

No existe una posición ideal en ese eje. La acomodación permite atravesar situaciones en las que afirmarse no cambiaría nada y dañaría un vínculo útil; la afirmación evita la acumulación y vuelve conocida la posición.

Lo único que la investigación autoriza a decir es esto: una misma posición sostenida sean cuales sean las circunstancias cuesta más que una posición que varía con el envite. Esa constatación vale también para quienes siempre dicen no.

Para recordar

Afirmarse y dejar ver el propio estado son dos dimensiones distintas.

El coste de callar es diferido y mal imputado; el de hablar es inmediato y visible, de ahí el reflejo mayoritario.

Describir una conducta comprobable llama a una respuesta; caracterizar a una persona llama a una defensa.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

El test Civix sitúa sus convicciones en seis dimensiones y lo vincula a uno de los doce perfiles, sin decirle nunca qué pensar.

Empezar mi test
Ver los tests →