Decir irritado en lugar de mal
Entre quien distingue cuatro matices de contrariedad y quien solo distingue uno, la diferencia se mide. Tiene un nombre: la granularidad emocional.
Qué designa la noción
Lisa Feldman Barrett llama granularidad a la finura con la que una persona distingue estados próximos. Decir que uno está humillado, decepcionado, irritado o inquieto pertenece a una granularidad elevada; decir que uno está mal pertenece a una granularidad baja.
La noción no versa sobre la intensidad de lo vivido ni sobre la calidad de la expresión. Versa sobre el número de distinciones efectivamente realizadas en la vida cotidiana, que no es lo mismo que el vocabulario disponible.
Cómo se mide
No se evalúa por cuestionario, lo que la distingue de la mayoría de las nociones de este campo. Se interroga a una persona varias veces al día durante varias semanas, pidiéndole evaluar la intensidad de distintos estados, y después se calcula hasta qué punto esas evaluaciones varían unas respecto de otras.
Una persona cuyos estados negativos suben y bajan siempre juntos obtiene una puntuación baja. Una persona en quien la ira y la tristeza se disocian obtiene una puntuación elevada. La medida versa, pues, sobre el uso real y no sobre lo que la persona piensa de su propia finura.
A qué se asocia
Las revisiones de literatura señalan que una granularidad elevada, sobre todo del lado de los estados desagradables, va acompañada de un repertorio de regulación más variado y de un menor recurso a las conductas de huida. Los efectos comunicados son moderados y se observan en varias poblaciones.
La dirección del vínculo sigue abierta. Disponer de distinciones permite quizá elegir una respuesta adaptada, puesto que la humillación, la decepción y la ira no piden la misma conducta. También puede ser que la capacidad de regular dé ocasión de observar y, por tanto, de distinguir.
Lo que no es
No es una virtud. Distinguir con finura estados desagradables nada tiene de agradable, y nada indica que una granularidad elevada sea preferible en toda circunstancia. Un estado percibido en bloque estorba menos a la atención.
Tampoco es un nivel de cultura. Una persona puede conocer treinta términos y emplearlos indistintamente, otra usar cinco de manera perfectamente discriminante. Los carteles de vocabulario emocional vuelven posible la conversación, no producen granularidad.
El vínculo con la puesta en palabras
Un estudio publicado en 2007 por Matthew Lieberman mostró que nombrar un estado iba acompañado de una bajada de actividad de la amígdala, efecto calificado desde entonces de regulación implícita porque los participantes no tienen intención de regular ni creen que nombrar les ayude.
El efecto es pequeño, obtenido en laboratorio y sobre estados breves. No autoriza promesa alguna. Solo sugiere que nombrar no es una operación neutra sobre lo nombrado, lo que ya es una información poco banal.
Para recordar
La granularidad designa el número de distinciones efectivamente realizadas, no el vocabulario disponible.
Se mide por muestreo de la experiencia, nunca por cuestionario.
Se asocia a un repertorio de regulación más variado, sin que se sepa en qué sentido va el vínculo.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
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