Civix Institute
Volver a la revista
Expectativas y malentendidos

Lo que se espera de una discusión

Ser comprendido, ser aprobado, obtener una decisión: tres peticiones distintas que una misma conversación pretende satisfacer. No se obtienen del mismo modo.

Por J. Carel, Apego y vínculos duraderosPublicado el 2 min

Una conversación que da vueltas

Algunas discusiones duran una hora sin avanzar un paso. Las dos personas repiten su posición con precisión creciente, cada una convencida de que la otra aún no lo ha captado, y la exasperación sube a medida que aumenta la claridad.

El bloqueo rara vez viene del contenido. Viene de que ambas no esperan lo mismo del intercambio y de que ninguna lo ha dicho, a menudo porque ninguna se lo ha formulado.

Tres peticiones distintas

La primera es ser comprendido: que el otro capte lo vivido, sin aprobarlo necesariamente. Se satisface mediante la reformulación, y es incompatible con una respuesta inmediata en forma de soluciones.

La segunda es ser aprobado: que el otro reconozca que la reacción era legítima. Es más exigente, porque pide un juicio, y el otro puede sinceramente no poder darlo. La tercera es obtener una decisión: que algo cambie concretamente. Solo esa llama a una negociación.

El malentendido más frecuente

Opone la primera y la tercera. Uno cuenta para ser comprendido, el otro oye un problema y propone una solución. El primero se siente despachado, el segundo se siente inútil, y la discusión se desplaza hacia ese reproche cruzado.

Ninguno de los dos se equivoca. Proponer una solución es una forma de atención, y querer ser escuchado sin ser reparado también. Lo que falta es la indicación de lo que se espera, que una frase basta para dar antes de empezar.

Lo que Rogers llamaba reformulación

El psicólogo Carl Rogers formalizó a partir de los años cuarenta una práctica de escucha cuyo instrumento central es la reformulación: repetir lo que el otro acaba de expresar para comprobar que se ha comprendido, sin juzgar, sin aconsejar y sin llevarlo hacia uno mismo.

Su interés no es aprobar, al contrario de lo que suele creerse, sino hacer visible la distancia de comprensión antes de que se instale. Rogers veía en ello un segundo efecto: oír el propio pensamiento restituido por otro permite verlo, y mucho de lo que se creía claro no lo era.

Una frase que cambia lo que sigue

Anunciar lo que se espera antes de contar es una operación trivial y poco practicada. Necesito decirlo, no busco una solución. O al contrario: me gustaría que decidiéramos algo esta noche.

Eso no garantiza obtener lo que se pide. Solo evita que las dos personas trabajen en paralelo sobre dos conversaciones distintas, que es la suerte corriente de las discusiones que se alargan.

Para recordar

Ser comprendido, ser aprobado y obtener una decisión son tres peticiones distintas, que no piden la misma respuesta.

El malentendido más frecuente opone a quien cuenta para ser oído y a quien responde con soluciones: ninguno de los dos se equivoca.

Anunciar lo que se espera antes de empezar no garantiza obtenerlo, pero evita dos conversaciones paralelas.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

El test Civix sitúa sus convicciones en seis dimensiones y lo vincula a uno de los doce perfiles, sin decirle nunca qué pensar.

Empezar mi test
Ver los tests →