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Trabajos y métodos

Qué puede decir de usted un test declarativo

Un cuestionario no observa nada: registra una descripción de uno mismo. Eso acota lo que puede concluirse, y no lo vuelve inútil.

Por V. Lasserre, Psicometría y validez de las medidasPublicado el 2 min

Dos regímenes de medida

La psicología diferencial distingue el rendimiento máximo, medido con pruebas de respuestas correctas, y el rendimiento típico, medido por lo que la persona refiere de su conducta habitual. Un test de aptitud pertenece al primer régimen, un cuestionario al segundo.

La confusión de ambos es la fuente de casi todos los malentendidos sobre los tests. Un cuestionario no mide una capacidad, por cuidada que sea su construcción, y ningún tratamiento estadístico transforma una declaración en rendimiento observado.

Lo que falsea una declaración

Tres sesgos están bien documentados. La aquiescencia es la tendencia a aprobar sea cual sea la pregunta, que se corrige formulando parte de los ítems en sentido inverso. El estilo de respuesta extrema es la preferencia por los extremos antes que por el centro, y varía mucho de una población a otra.

El tercero es el más insidioso: el efecto del grupo de referencia. Declararse más bien tranquilo supone una comparación con un entorno, que no es el mismo para todos. Dos personas igual de tranquilas, una rodeada de gente reservada y otra de gente demostrativa, no responderán lo mismo.

El recuerdo no es una media

Las preguntas sobre un período pasado suponen que el recuerdo sea fiel. Los trabajos de Daniel Kahneman y sus colegas muestran que no lo es: el juicio retrospectivo de un episodio depende sobre todo de su momento más intenso y de su final, y muy poco de su duración.

Un cuestionario hereda, pues, esa distorsión. Es una de las razones por las que los ítems mejor construidos versan sobre situaciones típicas y no sobre períodos que evaluar globalmente.

Lo que la declaración capta pese a todo

Pese a esos límites, las medidas declarativas tienen dos propiedades útiles. Son estables: una misma persona responde de forma parecida con varios meses de intervalo. Y se organizan: las respuestas no se distribuyen al azar sino que se agrupan en dimensiones reencontradas de una muestra a otra.

Presentan además un acuerdo moderado con las descripciones hechas por allegados, más débil de lo que se desearía y más fuerte de lo que querría la sospecha. Una descripción de uno mismo no es ni la verdad ni una ficción: es una fuente entre otras, con sus errores propios.

Dos reglas de lectura

Primera regla: una diferencia de unos pocos puntos entre dos dimensiones es casi siempre inferior al margen de error del instrumento y, por tanto, ininterpretable. Un informe serio comenta las posiciones netas e ignora las diferencias mínimas.

Segunda regla: un test declarativo conviene a un proceso de conocimiento de uno mismo, donde la persona no tiene interés en halagarse, y conviene mal a una decisión de contratación, donde sí lo tiene. Los estudios lo muestran sin ambigüedad: pida a alguien que se presente bajo su mejor luz y su puntuación sube.

Para recordar

Un cuestionario mide una descripción de uno mismo, nunca una aptitud observada.

Aquiescencia, estilo de respuesta y efecto del grupo de referencia pesan sobre toda declaración.

Esas medidas son estables y estructuradas, lo que las vuelve útiles para conocerse e inadecuadas para una decisión de contratación.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

El test Civix sitúa sus convicciones en seis dimensiones y lo vincula a uno de los doce perfiles, sin decirle nunca qué pensar.

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