La mitad de las amistades declaradas no son recíprocas
El resultado es antiguo, robusto y sigue sorprendiendo. Se debe menos a un malentendido que a lo que la palabra abarca.
La constatación
Las encuestas por nominación recíproca, que interrogan a todos los miembros de un grupo, permiten comprobar si una amistad declarada por una persona lo es también por la otra. La reciprocidad dista mucho de ser sistemática. El método se remonta a la sociometría de Jacob Moreno, que lo expuso en 1934 en Who Shall Survive?
Un estudio publicado en 2016 por Abdullah Almaatouq y sus colegas, con grupos de estudiantes, encuentra una reciprocidad cercana a una de cada dos amistades, cuando los participantes esperaban una reciprocidad casi total.
La distancia con la expectativa
El resultado más interesante de estos trabajos no es la tasa medida, sino la distancia respecto a la expectativa declarada: las personas encuestadas sobrestiman mucho la probabilidad de que su declaración sea compartida.
Esa distancia es estable y no depende del número de amigos citados, lo que descarta la explicación por una simple generosidad de la lista. Obedece más bien a una convicción: una relación que se vive como recíproca parece serlo por naturaleza, y nada en la experiencia corriente viene a desmentirlo.
Las explicaciones propuestas
La primera es definicional: la palabra no designa lo mismo para todo el mundo, y una relación puede ocupar rangos distintos en dos jerarquías personales.
La segunda es estructural: una persona muy solicitada es citada por muchos sin poder citar a todos a su vez, mecanismo que enlaza esta constatación con la paradoja de la amistad.
Una tercera tiene que ver con el momento de la pregunta. Una lista hecha de memoria retiene las relaciones más presentes en la mente ese día, y dos personas nunca son encuestadas en el mismo estado de ánimo.
Qué cambia para las encuestas
Los análisis basados en vínculos declarados unilateralmente describen una estructura distinta de la de aquellos que exigen reciprocidad. Ambos tipos de grafos dan resultados diferentes sobre la centralidad y la difusión. Un grafo dirigido conserva la información sobre quién cita a quién; un grafo recíproco solo retiene los vínculos confirmados por ambas partes y pierde, por tanto, gran parte de ella.
Los trabajos serios precisan por ello cuál de los dos se utiliza, información que cambia la interpretación de todos los indicadores calculados después. En el estudio de 2016, la influencia entre participantes dependía además del sentido del vínculo declarado, lo que muestra que la distinción no es solo una cuestión de codificación.
Qué no dice
La falta de reciprocidad no es un error ni un engaño. Mide la distancia entre dos jerarquías personales, y una relación puede ser real por ambas partes sin ocupar el mismo lugar. La constatación describe cómo jerarquías propias de cada persona se solapan de forma imperfecta, y nada más.
Los trabajos que miden la cercanía declarada en lugar de la categoría encuentran, por lo demás, diferencias mucho más continuas, lo que sugiere que el umbral de la palabra produce parte de la asimetría observada.
Para recordar
La reciprocidad medida dista de ser sistemática en las encuestas por nominación.
Las personas encuestadas sobrestiman mucho la probabilidad de que su declaración sea compartida.
Los grafos basados en vínculos unilaterales y recíprocos dan resultados distintos.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
Y usted, ¿dónde se sitúa?
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