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Psicología

La reactancia: por qué una orden puede producir lo contrario de lo que busca

Sentirse empujado hacia una opinión basta a veces para alejarse de ella. El mecanismo se describió en los años sesenta y pesa sobre todo intento de persuasión.

Por E. Rossi, Debate público y argumentaciónPublicado el 3 min

Una libertad amenazada que se busca restaurar

Jack Brehm propuso en 1966, en A Theory of Psychological Reactance, una idea sencilla. Cuando una persona percibe que una de sus libertades está amenazada, experimenta un estado de motivación orientado a restaurar esa libertad.

Aplicada a las opiniones, la libertad en juego es la de pensar por uno mismo. Un mensaje vivido como una presión puede entonces volver más atractiva la posición que combate, simplemente porque esta vuelve a ser el medio de afirmar la propia autonomía. En ese caso, el contenido del mensaje cuenta menos que la manera de dirigirlo.

Qué la desencadena

Los trabajos posteriores coinciden en algunos factores. Un lenguaje imperativo, la impresión de ser manipulado, la importancia concedida a la libertad en cuestión y la percepción de una intención de convencer refuerzan la reacción, con independencia de la calidad de los argumentos.

La intensidad varía también de una persona a otra. Algunas reaccionan con viveza a la menor consigna; otras, muy poco. Esta disposición no coincide con ninguna orientación política: se encuentra en todas partes, en cuanto un tema toca lo que uno considera su propia decisión.

El efecto bumerán, real pero no sistemático

En su forma más nítida, la reactancia produce un efecto bumerán: tras el mensaje, la persona se adhiere más a la posición combatida. Este efecto se ha observado en ciertas condiciones, en particular ante órdenes percibidas como autoritarias.

Sin embargo, sería falso concluir que toda persuasión fracasa. Lo más habitual es que la reactancia atenúe el efecto de un mensaje más que invertirlo, y un argumento presentado sin presión conserva parte de su influencia. Dejar explícitamente la elección al interlocutor figura entre los medios estudiados para limitar la reacción.

Dos lecturas del mismo mecanismo

Una primera lectura ve en él un obstáculo. Una información útil puede rechazarse por la única razón de que se presenta con insistencia, y la reactancia protege entonces errores más que convicciones.

Una segunda lectura ve en él una protección. Resistir a la presión defiende la autonomía de juicio frente a los intentos de influencia, incluidos los malintencionados. Ambas lecturas tienen fundamento, y el mismo reflejo puede desempeñar uno u otro papel según la calidad de la información y las intenciones de quien la transmite.

Lo que esto cambia para leerse a uno mismo

Ante una posición que se sostiene con fuerza, conviene preguntarse si se formó contra una orden. Una convicción nacida como reacción no es menos legítima, pero depende en parte de aquel a quien contradice.

La referencia es la siguiente: si la presión desapareciera, ¿sería igual de firme la posición? Cuando la respuesta es incierta, la reactancia probablemente ha contribuido a la intensidad de la opinión más que a su contenido.

Para un cuestionario, la consecuencia es directa. Los ítems redactados sin tono prescriptivo reducen el riesgo de respuestas defensivas y permiten medir una posición más que una reacción a la manera de preguntarla.

Para recordar

Percibir una presión sobre la propia libertad de pensar puede reforzar la posición que el mensaje combate.

El efecto bumerán existe en ciertas condiciones, pero la reactancia atenúa más a menudo de lo que invierte.

El mismo reflejo puede llevar a rechazar una información útil o proteger contra una manipulación.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

El test Civix sitúa sus convicciones en seis dimensiones y lo vincula a uno de los doce perfiles, sin decirle nunca qué pensar.

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