Qué se mide cuando se habla de homogamia
Se dice a menudo que uno forma pareja con alguien que se le parece. La sociología lo mide desde hace tiempo, y la dificultad reside menos en la constatación que en su interpretación.
Encuestas fundacionales
En 1964, Alain Girard publica Le Choix du conjoint, a partir de una encuesta del Institut national d'études démographiques, el instituto público francés de demografía, a personas casadas. Documenta en él una homogamia social marcada, es decir, la tendencia a unirse dentro del propio medio.
Michel Bozon y François Héran retoman la cuestión a partir de una nueva encuesta del instituto, y publican en 1987 y 1988 en la revista Population dos artículos reunidos bajo el título La découverte du conjoint. Describen en ellos los lugares de encuentro y su distribución según los medios sociales.
Qué se compara
Medir la homogamia supone una clasificación: profesión, titulación, origen social, edad, religión. El resultado depende de ese recorte. Cuanto más amplias son las categorías, más parecidas parecen las parejas; cuanto más finas, más rara parece la semejanza.
Hace falta además un punto de comparación. Constatar que muchas parejas reúnen a dos personas del mismo medio no dice nada en sí: si un medio está muy extendido, sus miembros se encontrarán a menudo por simple efecto del número. La homogamia se mide, por tanto, como desviación respecto de lo que habría producido un emparejamiento al azar.
Observada o relativa
Los sociólogos distinguen así la homogamia observada, la proporción bruta de parejas semejantes, y la homogamia relativa, que neutraliza los efectos de estructura. Ambas pueden evolucionar en sentido contrario, por ejemplo cuando la composición de la población cambia sin que cambien las preferencias.
El alargamiento de los estudios ofrece un caso de manual. Cuando la proporción de titulados aumenta tanto entre los hombres como entre las mujeres, la proporción de parejas de titulados crece mecánicamente. Solo una medida relativa permite saber si las preferencias también se han movido.
Preferencia u oportunidad
La misma cifra admite dos lecturas. Puede reflejar una preferencia por los semejantes, o solo el hecho de que se frecuentan sobre todo lugares donde uno se cruza con sus semejantes: la escuela, el trabajo, las salidas propias de cada medio. Los trabajos de Bozon y Héran conceden un amplio lugar a este segundo mecanismo.
Las dos explicaciones no se excluyen, y los datos de encuesta difícilmente permiten zanjar entre ellas. Se observan parejas formadas, no los encuentros que quedaron sin continuidad ni los que nunca tuvieron lugar, lo que deja la preferencia fuera del alcance de una observación directa.
Lo que añaden los sitios de citas
Los servicios de citas han abierto una fuente nueva, puesto que conservan la huella de interacciones que no prosperan. Marie Bergström se apoyó, entre otros materiales, en datos procedentes de estos sitios en Les Nouvelles Lois de l'amour, publicado en 2019.
Estos datos tienen sus propios límites: describen un dispositivo particular y a personas que lo han elegido. Recuerdan sobre todo que la homogamia es un resultado, producido por una cadena de etapas, y no una disposición que cada cual llevaría consigo.
Para recordar
La medición de la homogamia depende de las categorías utilizadas y del punto de comparación elegido.
Un aumento de la proporción de parejas semejantes puede deberse a un cambio de la población, sin cambio de las preferencias.
La misma constatación puede reflejar una preferencia o la mera estructura de las oportunidades de encuentro, que las encuestas distinguen mal.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
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