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La pareja y la sociedad

Con quién viven los hijos: lo que dice la ley

La residencia se fija con la madre en una amplia mayoría de casos, y la ley no lo prevé en ninguna parte. Comprender esa distancia exige distinguir lo que se juzga de lo que se acuerda.

Por N. Amrani, Derecho de familiaPublicado el 3 min

Lo que prevé el texto

El artículo 373-2-9 del Código Civil francés sitúa en el mismo plano la residencia alterna y la residencia con uno de los progenitores. No se establece preferencia alguna de sexo, ni tampoco preferencia ligada a la edad del hijo.

El juez resuelve atendiendo al interés del menor, teniendo en cuenta en particular la práctica seguida anteriormente, los sentimientos expresados por el hijo, la aptitud de cada progenitor y los resultados de los peritajes que en su caso se realicen.

Lo que sigue siendo la patria potestad

Una confusión frecuente atañe a lo que la residencia conlleva. No modifica la patria potestad, que sigue ejerciéndose en común tras la separación, en aplicación del artículo 373-2. Las decisiones importantes, orientación escolar, salud, mudanza que afecte a los derechos del otro, siguen tomándose entre los dos.

El progenitor con quien el hijo no reside no es, por tanto, un progenitor disminuido en derecho. El mismo artículo le reconoce el derecho a ser informado de las decisiones importantes e impone a cada uno respetar los lazos del hijo con el otro.

La distancia con las estadísticas

Las estadísticas judiciales muestran un reparto muy desigual, fijándose la residencia mayoritariamente con la madre. Esa distancia respecto a la neutralidad del texto se cita con regularidad como prueba de parcialidad de los tribunales.

La lectura exige prudencia. En la gran mayoría de los expedientes, el reparto adoptado resulta de un acuerdo entre los progenitores, que el juez homologa sin arbitrar. Lo que esas cifras miden es, por tanto, ante todo lo que las familias piden, y solo después lo que los jueces deciden.

Los datos disponibles muestran además que la tasa de residencia alterna es netamente más elevada cuando los progenitores están de acuerdo que cuando el juez debe decidir, y que las solicitudes de residencia alterna presentadas por los padres prosperan en una amplia proporción.

La palabra del hijo

El hijo capaz de discernimiento tiene derecho a ser oído, a petición propia o de una parte, y debe ser informado de ese derecho. No se fija edad mínima, apreciándose el discernimiento caso por caso.

Es oído, no decide. El juez recoge su opinión sin quedar vinculado por ella, y esa distinción protege al hijo de una posición insostenible: la de tener que elegir entre sus padres.

Lo que se decide pronto

Un punto práctico merece señalarse. Las medidas provisionales adoptadas al principio del procedimiento se aplican a menudo durante uno o dos años, instalan una organización cotidiana, y el juez del fondo duda después en deshacer lo que funciona.

Lo que se decide en las primeras semanas tiene, pues, muchas probabilidades de durar, algo que muchos progenitores ignoran en el momento en que aceptan, para evitar un conflicto, un arreglo que creen temporal.

Para recordar

La ley no establece preferencia alguna de sexo ni de edad, y sitúa en el mismo plano la residencia alterna y la residencia con uno de los progenitores.

La separación no modifica la patria potestad, que sigue ejerciéndose en común.

La distancia entre el texto y las estadísticas se explica ante todo por los acuerdos parentales, que el juez homologa sin arbitrar.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

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