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Análisis político

Lo que llamamos el centro y por qué es difícil de situar

El centro designa al menos tres cosas distintas según los contextos. Eso explica que pueda declararse a la vez mayoritario e ilocalizable.

Por C. Broussard, Diseño de cuestionariosPublicado el Actualizado el 3 min

El centro como media

En el primer sentido, el centro es un punto estadístico: la posición media o mediana de las personas en una dimensión dada. Ese centro existe siempre, pero se desplaza con la población medida y con la dimensión elegida. No tiene ninguna consistencia ideológica propia, puesto que no es más que una referencia de posición.

Una consecuencia conocida de ese sentido es el razonamiento sobre el elector mediano, formalizado por Anthony Downs: en una competición de dos ofertas sobre una sola dimensión, a las ofertas les interesa acercarse al medio. El razonamiento se debilita en cuanto se añaden dimensiones, que es el caso real.

Se debilita también en cuanto se tiene en cuenta la movilización. Acercarse al medio puede ganar indecisos y perder apoyos convencidos, lo que cambia el cálculo: la posición óptima no es la que agrada al mayor número, sino la que maximiza los votos efectivamente depositados.

El centro como arbitraje asumido

En el segundo sentido, estar en el centro describe una preferencia por el equilibrio entre valores en competencia, o una desconfianza hacia las soluciones únicas. Es una posición de contenido, que puede argumentarse y que no tiene nada de una ausencia de posición.

Ese centro no está necesariamente en el medio de las escalas. Una persona puede ser muy tajante en varias dimensiones y reclamar un método de arbitraje prudente, lo que produce un perfil marcado con un discurso moderado.

Tiene su propia coherencia intelectual: privilegiar la reversibilidad, desconfiar de las reformas que no pueden deshacerse, preferir los ajustes a las rupturas. Son principios discutibles, pero son principios, y no el rechazo a tenerlos.

El centro como posición de equidistancia

En el tercer sentido, el centro se define respecto de las demás ofertas disponibles: está en el centro quien se sitúa entre los demás, sea cual sea su contenido. Ese centro se desplaza, por tanto, cuando los demás se mueven, sin que sus posiciones cambien.

Es el sentido más utilizado en el comentario político, y el más resbaladizo. Permite que una misma posición se describa como central en una época y como excéntrica en otra, sin que ninguna convicción haya variado.

Por qué esos tres sentidos se contradicen

Una misma persona puede estar en el centro estadístico y rechazar la etiqueta, o reivindicar el centro teniendo posiciones alejadas de la media. Los comentarios que anuncian un centro mayoritario se apoyan por lo general en el primer sentido, y los que lo anuncian ilocalizable en el tercero.

Distinguir los tres no resuelve ningún debate, pero evita discutir de tres cosas a la vez. Es la condición para que la conversación verse sobre posiciones y no sobre una palabra.

Cómo situarse uno mismo

La pregunta útil no es «¿estoy en el centro?» sino «¿en qué dimensiones estoy próximo a la media y en cuáles me aparto de ella?». Casi nadie está en el medio en todo, y un perfil que lo anuncia merece releerse a la luz de la velocidad a la que se ha rellenado.

Una persona realmente central en todas las dimensiones existe, pero es rara, y sobre todo es distinta de una persona central en promedio: la segunda compensa posiciones tajantes y opuestas, la primera no tiene ninguna.

Para recordar

El centro estadístico es una referencia de posición, sin contenido propio, y se desplaza con la población medida.

El centro como preferencia por el equilibrio es una posición argumentable, compatible con convicciones tajantes.

El centro definido por equidistancia cambia cuando las demás ofertas se mueven, sin que cambien las posiciones.

Ser central en promedio no es ser central en todo: ambos perfiles no tienen nada en común.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

El test Civix sitúa sus convicciones en seis dimensiones y lo vincula a uno de los doce perfiles, sin decirle nunca qué pensar.

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