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Psicología

Conformismo: lo que el grupo hace decir al individuo

Un experimento célebre mostró que una mayoría manifiestamente equivocada podía hacer cambiar una respuesta por lo demás evidente. El resultado no es anecdótico para el debate público.

Por T. Marchand, Análisis de datos de encuestaPublicado el Actualizado el 3 min

El experimento de las líneas

En los trabajos de Solomon Asch, unos participantes debían decir cuál de tres líneas tenía la misma longitud que una línea de referencia, tarea sin ambigüedad. Colocados en un grupo en el que todos los demás, cómplices del experimentador, daban una respuesta falsa, una parte notable de los participantes se alineó con el error del grupo.

El punto importante no es la tasa exacta, que varía según las condiciones, sino la naturaleza de la tarea: era visual y sin nada en juego. Si el alineamiento se produce ahí, cabe esperar que se produzca más en cuestiones ambiguas, donde la respuesta justa no es visible.

Las entrevistas realizadas tras el experimento mostraron que los participantes alineados no creían todos en la respuesta del grupo. Algunos dudaban de su percepción, otros sabían que tenían razón y prefirieron no singularizarse. Esa distinción es el centro del asunto.

Dos resortes distintos

El primero es informacional: si todo el mundo dice otra cosa, quizá me equivoque, y la opinión del grupo se trata como una información. Ese razonamiento es a menudo útil: en la vida ordinaria, la convergencia de los demás es un indicio serio.

El segundo es normativo: sé que el grupo se equivoca, pero prefiero no aislarme. Ya no se trata de saber sino de pertenecer, y nada en la información disponible lo corregirá.

Esos dos resortes exigen remedios distintos. Contra el primero, el acceso a una información independiente ayuda realmente. Contra el segundo, solo cuenta el coste social del desacuerdo, que depende del marco: una votación a mano alzada y una votación secreta no producen los mismos resultados.

El papel decisivo del primer disidente

Un resultado complementario de los mismos trabajos merece conocerse: la presencia de una sola persona que dé la respuesta justa reduce mucho el alineamiento de los demás. La unanimidad aparente es, por tanto, la condición principal del conformismo, más que el número.

Eso da un valor particular a la primera objeción formulada en una reunión: no convence a nadie por sí misma, pero vuelve posible la expresión del desacuerdo para quienes lo compartían sin atreverse a decirlo.

Lo que esto produce en la opinión pública

A escala colectiva, el mecanismo fabrica distancias entre lo que la gente piensa y lo que dice. Una posición puede parecer dominante en las conversaciones y minoritaria en las urnas, o al revés, según el coste de expresarla.

Esa distancia vuelve inestables los climas de opinión: cuando el coste de la expresión baja bruscamente, una posición tenida por marginal puede aparecer como ampliamente compartida, sin que ninguna mente haya cambiado. Es un fenómeno observado en numerosos vuelcos políticos.

Lo que protege en la práctica

Tres disposiciones cambian materialmente la calidad de una deliberación, sin cambiar nada de las personas presentes: recoger las opiniones por escrito antes de la discusión, hacer hablar en último lugar a quien tiene más autoridad, y designar explícitamente a alguien encargado de formular la objeción.

Para uno mismo, la referencia más sencilla es la comparación entre lo que diría a solas y lo que dice en grupo. Cuando la distancia se vuelve sistemática, ya no es una adaptación social, es una opinión que ya no es la suya.

Para recordar

El alineamiento con una mayoría falsa se produce incluso en una tarea visual sin nada en juego.

Dos resortes distintos: dudar de uno mismo o negarse a aislarse, con remedios diferentes.

Una sola voz disidente reduce mucho el conformismo: la unanimidad aparente es su condición.

La distancia entre lo que se piensa y lo que se dice vuelve inestables los climas de opinión.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

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