A qué compromete confiar un secreto
La confidencia es el criterio que define el círculo más restringido en la mayoría de los instrumentos de medida. Lo que produce se ha estudiado sobre todo en laboratorio.
Un criterio de medida
El generador de nombres más usado del mundo, introducido en la General Social Survey estadounidense en 1985, se apoya en la conversación sobre asuntos importantes. La confidencia sirve, pues, de operador de delimitación del núcleo de la red, lo que le confiere un estatus particular en este campo.
Esa elección no es neutral: define la cercanía mediante un acto verbal, lo que produce mecánicamente las diferencias medidas entre grupos cuyas normas de expresión difieren.
Mario Small mostró en 2017, en Someone to Talk To, que uno se confía también, y a menudo, a relaciones poco cercanas, elegidas por su disponibilidad o su competencia en ese momento. El criterio no recorta, por tanto, siempre el núcleo que pretende delimitar.
Qué muestran los trabajos experimentales
Las investigaciones sobre la ocultación de secretos, en particular las de Michael Slepian y sus colegas publicadas a partir de 2017, distinguen el acto de ocultar en una interacción del hecho de pensar en el secreto al margen de toda interacción.
Sus resultados atribuyen lo esencial de la carga medida a la segunda situación, resultado contraintuitivo que desplaza la cuestión de la ocultación hacia la preocupación. Los participantes declaran pensar en sus secretos mucho más a menudo de lo que tienen que ocultarlos ante alguien.
El efecto sobre la relación
Los trabajos sobre la revelación encuentran una asociación entre confidencia recíproca y cercanía declarada. La dirección del vínculo es difícil de establecer, ya que uno se confía más fácilmente a quien se siente cercano. La idea de una cercanía que avanza por capas de revelaciones sucesivas la formalizaron Irwin Altman y Dalmas Taylor en 1973 con el nombre de penetración social.
Los protocolos experimentales de revelación progresiva intentan zanjar la cuestión imponiendo la secuencia, como el de Arthur Aron y sus colegas publicado en 1997, pero miden una cercanía inmediata en una situación artificial, lo que limita su alcance.
El coste de la ruptura de confianza
Las encuestas sobre el fin de las amistades sitúan la divulgación de una confidencia entre los motivos de ruptura explícita citados con más frecuencia. El resultado es coherente con el lugar de la confidencia en la definición misma de la cercanía: divulgar un secreto es atacar aquello que delimitaba el vínculo.
Esa constatación se recoge a posteriori y se refiere a las rupturas claras, que son minoritarias. No informa sobre la frecuencia de la divulgación en sí, que no se mide. Dice sobre todo lo que las personas retienen del final de una amistad, que no es necesariamente lo que lo provocó.
La asimetría de las posiciones
Recibir una confidencia sitúa en una posición particular, poco estudiada: escuchar tiene un coste, y los trabajos sobre el apoyo encuentran una carga en las personas a las que se recurre con regularidad. Los trabajos sobre los cuidadores familiares describen esa carga desde hace tiempo, pero rara vez entre amigos.
Esa dimensión está casi ausente de los instrumentos de medición, que preguntan por la disponibilidad de un confidente sin preguntar qué le exige su posición.
Para recordar
La confidencia sirve de operador de delimitación del núcleo de la red en los instrumentos estándar.
Los trabajos recientes atribuyen la carga del secreto a la preocupación más que al ocultamiento.
La posición de quien recibe las confidencias está casi ausente de los instrumentos de medida.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
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