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Expectativas y malentendidos

La idea de que existe una persona adecuada

Creer que una relación lograda se reconoce de entrada protege de una mala elección y cuesta caro después. Dos maneras opuestas de concebir la pareja, y lo que se sabe de ellas.

Por P. Lefèvre, Historia de las sensibilidadesPublicado el 2 min

Dos creencias de fondo

Algunas personas conciben la compatibilidad como un dato: dos seres se convienen o no, y las dificultades revelan que no se convenían. Otras la conciben como un producto: una relación se fabrica, y las dificultades forman parte de la fabricación.

Esas dos concepciones no son opiniones sobre el amor, son rejillas que deciden el sentido atribuido a cada incidente. El mismo desacuerdo confirma, para la primera, que no era la persona adecuada, e indica a la segunda que hay un ajuste que hacer.

Lo que aporta la primera

Protege realmente. Una exigencia elevada evita las relaciones tibias mantenidas por inercia, y negarse a conformarse con lo que no conviene es una forma de respeto propio que el sentido común desalentó durante mucho tiempo, en particular en las mujeres.

Vuelve además más nítidos los comienzos: no se instala uno en una situación difusa esperando que se aclare, que es una manera muy corriente de perder años.

Lo que cuesta

Su coste aparece más tarde. Si la compatibilidad es un dato, entonces el primer desacuerdo serio se convierte en una información sobre la naturaleza de la relación y no en un problema que tratar. La conclusión precede al examen.

Vuelve además difícil atravesar los períodos corrientes. Toda relación conoce meses sin brillo, y una rejilla que toma el brillo por señal de acierto interpreta esos períodos como síntomas.

La idea de un relato implícito

El psicólogo Robert Sternberg, conocido por su teoría triangular del amor, propuso en 1998 una segunda idea menos retomada: cada cual abordaría sus relaciones con un relato implícito de lo que el amor debe ser, heredado de las historias oídas, leídas y vistas. Elabora una lista, entre las que figuran el viaje, el jardín que se cultiva, la guerra, el sacrificio.

El interés de esa propuesta es desplazar la cuestión de la compatibilidad. Dos personas pueden compartir gustos y proyectos y estar jugando, sin saberlo, en dos historias que no tienen las mismas reglas. Es una hipótesis de trabajo, no un resultado demostrado.

Lo que la investigación no zanja

Ningún trabajo establece que una de esas concepciones produzca relaciones más satisfactorias. Las asociaciones medidas entre creencias y satisfacción existen pero siguen siendo modestas, y la dirección de la causalidad no está clara: una relación difícil puede fabricar la creencia tanto como a la inversa.

Lo que sí puede constatarse es más simple. Esas dos rejillas llevan a interpretar los mismos hechos de manera opuesta, y saber cuál se emplea cambia lo que se cree observar.

Para recordar

Concebir la compatibilidad como un dato o como un producto cambia el sentido atribuido a cada desacuerdo.

La primera concepción protege de las relaciones tibias y vuelve difícil atravesar los períodos corrientes.

Ningún trabajo establece la superioridad de una sobre otra: lo que cuenta es saber cuál se emplea.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

El test Civix sitúa sus convicciones en seis dimensiones y lo vincula a uno de los doce perfiles, sin decirle nunca qué pensar.

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