Cuánto valen los dispositivos contra el aislamiento
Las revisiones sistemáticas existen y sus conclusiones son prudentes. La dificultad principal no es la eficacia de los dispositivos, sino la calidad de su evaluación.
Las cuatro familias de dispositivos
Las revisiones clasifican las intervenciones en cuatro tipos: las que aumentan las ocasiones de contacto, las que proporcionan apoyo social, las que trabajan las competencias relacionales y las que actúan sobre los pensamientos asociados a la soledad.
Esos tipos no persiguen lo mismo: los dos primeros actúan sobre el aislamiento medible, los dos últimos sobre el sentimiento, distinción que coincide con la que separa aislamiento y soledad. Un dispositivo puede tener éxito en uno de los planos y no surtir efecto en el otro sin haber fallado en su objetivo.
Qué encuentran las síntesis
Un metaanálisis dirigido por Christopher Masi, Hsi-Yuan Chen, Louise Hawkley y John Cacioppo en 2011 concluye que las intervenciones que actúan sobre los pensamientos producen los efectos más claros sobre la soledad declarada. El resultado iba en contra de una intuición extendida, según la cual bastaría con multiplicar las ocasiones de encuentro.
Revisiones posteriores matizan ese resultado al señalar el escaso número de ensayos de buena calidad y la heterogeneidad de las medidas empleadas, que hacen incierta la comparación entre tipos. El mismo metaanálisis ya señalaba que los efectos eran menores en los ensayos aleatorizados que en los estudios sin grupo de comparación.
Las dificultades metodológicas
El enmascaramiento es imposible, las muestras suelen ser pequeñas, y las personas más aisladas son también las más difíciles de reclutar y de retener en un ensayo. Los participantes saben que reciben una atención particular, lo que puede bastar para modificar sus respuestas.
Esta última dificultad es estructural: el dispositivo de evaluación selecciona participantes que aceptan participar, es decir, precisamente una población menos alejada de los contextos colectivos.
El problema de la medida de resultado
Un dispositivo que aumenta la participación produce un efecto medible en indicadores de actividad, lo que es coherente con su objeto pero no informa sobre la soledad sentida.
Los ensayos que miden ambas cosas encuentran con regularidad efectos disociados, coherentes con la débil correlación entre ambas variables establecida por otras vías.
La cuestión es tanto más delicada cuanto que no todas las personas buscan lo mismo. Algunas desean más contactos, otras no, y un indicador de participación trata esas situaciones como si exigieran la misma respuesta.
Qué hacen con ello las políticas públicas
Varios países han creado estructuras administrativas dedicadas a este asunto: el Reino Unido confió en 2018 esta cartera a un ministro, y Japón hizo lo mismo en 2021. Los informes de evaluación publicados se refieren sobre todo a la ejecución y a la cobertura territorial.
La distancia entre la ambición declarada y la calidad de las pruebas disponibles la señalan las propias revisiones, que reclaman con regularidad ensayos más grandes y mejor estandarizados. Piden también que la soledad sentida y el aislamiento medible se sigan por separado, pues de lo contrario un mismo programa puede juzgarse exitoso o inútil según el indicador elegido.
Para recordar
Los dispositivos se reparten en cuatro familias, dos dirigidas al aislamiento y dos al sentimiento.
Los ensayos disponibles son pocos, pequeños, y en ellos el enmascaramiento es imposible.
Las personas más aisladas son las más difíciles de reclutar, lo que sesga estructuralmente las evaluaciones.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
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