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«Demasiado sensible», dicen

La fórmula es un juicio disfrazado de constatación. Lo que designa recubre al menos tres cosas distintas, dos de las cuales no son cantidades.

Por I. Ferrand, Regulación y vida emocionalPublicado el 2 min

Un comparativo sin término de comparación

Demasiado supone una norma, y la norma nunca se enuncia. ¿Demasiado respecto a qué, a quién, en qué situación? En la práctica, la referencia es el entorno inmediato de quien habla, lo que convierte la fórmula en una medida de distancia y no de nivel.

Eso explica que una misma persona sea tenida por demasiado sensible en un medio y por perfectamente corriente en otro, sin que nada haya cambiado en ella.

Tres cosas distintas

La fórmula recubre primero la intensidad de lo sentido, única dimensión que es efectivamente una cantidad. Recubre después la visibilidad: lo que se ve, con independencia de lo que se siente. Recubre por último el mapa de los ámbitos expuestos, es decir, lo que el comentario toca en esa persona concreta.

Esos tres elementos varían de forma independiente. Alguien puede sentir mucho y no mostrar nada; alguien puede mostrar mucho a propósito de un tema preciso y nada en absoluto en lo demás. La fórmula los suma en un solo reproche.

Lo que vuelve asimétrico el juicio

Una reacción visible atrae la atribución: se explica por la persona. Una ausencia de reacción no atrae nada: se explica por la situación, cuando se explica. Esa asimetría está documentada desde hace tiempo en psicología social y juega sistemáticamente contra las personas expresivas.

Se añade un efecto de calendario. Quien reacciona con fuerza ante un episodio responde a menudo a una serie de la que el observador solo conoce el último término. La reacción parece desproporcionada respecto a lo visible y no lo es respecto a lo que no lo es.

Lo que aporta la expresividad

Lo contrario merece decirse con la misma nitidez. Una persona cuyo estado se lee de inmediato nunca se sospecha de cálculo, y su entorno sabe a qué atenerse sin tener que adivinar. Esa legibilidad tiene un valor relacional real, que los modelos de regulación, centrados en los costes, subestiman.

Los trabajos sobre la contención muestran además que esta tiene su propio precio: activación fisiológica más elevada, peor memoria del intercambio e incomodidad medible en el interlocutor. En este eje no hay lado gratuito.

Lo que puede responderse

No hay respuesta que proporcionar, y esta revista no prescribe nada. Puede simplemente observarse que la fórmula no describe a la persona señalada: describe una distancia entre ella y una norma local, y atribuye esa distancia a una de las dos partes.

El desplazamiento útil consiste en preguntar de qué se trata exactamente: la intensidad, lo que se ve o el tema tocado. Los tres piden conversaciones distintas, y ninguna empieza por un adverbio.

Para recordar

«Demasiado» mide una distancia respecto a una norma local, nunca un nivel absoluto.

Intensidad sentida, visibilidad y ámbitos expuestos varían de forma independiente.

La legibilidad tiene un valor relacional real, y la contención tiene su propio coste medido.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

El test Civix sitúa sus convicciones en seis dimensiones y lo vincula a uno de los doce perfiles, sin decirle nunca qué pensar.

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