Igualdad de oportunidades, igualdad de posiciones: lo que las separa
Dos personas apegadas a la igualdad pueden defender políticas opuestas. Las más de las veces porque no hablan de la misma igualdad y no apuntan al mismo lugar.
Dos maneras de volver más igual una sociedad
La primera consiste en igualar los puntos de partida: que el origen social, el lugar de nacimiento o el sexo no determinen el lugar que se ocupará. Se actúa entonces sobre el acceso, la selección, la información, la escuela. Las diferencias de llegada siguen siendo aceptables, a condición de que la competición haya sido leal.
La segunda consiste en reducir la distancia entre las propias posiciones: que la distancia entre los mejor y los peor dotados sea menor, sea cual sea la manera en que se haya llegado a ella. Se actúa entonces sobre los ingresos, las protecciones, las condiciones de trabajo. El sociólogo François Dubet propuso llamar a esas dos lógicas igualdad de oportunidades e igualdad de posiciones.
Ambas apuntan a la igualdad y no se contradicen necesariamente. Entran en competencia en cuanto hay que arbitrar un presupuesto o una regla, porque un euro dedicado a mejorar el acceso a una posición escasa no se dedica a estrechar la distancia entre las posiciones existentes.
Lo que cada lógica legitima
La igualdad de oportunidades legitima las diferencias que subsisten: si la carrera fue justa, el resultado es merecido. Sus partidarios ven en ello un principio potente, que respeta las elecciones y los esfuerzos individuales. Sus críticos ven en ello una manera elegante de justificar diferencias considerables y un sistema en el que el fracaso se convierte en una falta personal.
La igualdad de posiciones ataca directamente las diferencias, lo que la vuelve más tangible para las personas afectadas. Sus partidarios subrayan que una posición menos expuesta vuelve la movilidad menos vital: si las posiciones son menos desiguales, disminuye lo que está en juego al ganar la carrera. Sus críticos responden que al reducir la distancia se debilita el incentivo al esfuerzo y el reconocimiento de las contribuciones.
Un punto suele descuidarse en este debate: la igualdad de oportunidades, llevada hasta el final, exige intervenciones muy fuertes en la vida de las familias y de la escuela, lo que la vuelve mucho menos liberal de lo que parece. Ninguna de las dos lógicas es el bando de la libertad frente al de la coacción.
Lo que nos enseña la movilidad medida
Los trabajos sobre la movilidad social, que siguen el vínculo entre la posición de los padres y la de los hijos, muestran que ese vínculo sigue siendo marcado en la mayoría de las sociedades, incluso allí donde el acceso a la educación se ha abierto ampliamente. Ningún país ha alcanzado una situación en la que el origen ya no influiría en la trayectoria.
Esas constataciones las utilizan ambos bandos, y legítimamente. Los partidarios de la igualdad de oportunidades ven en ellas la prueba de que hay que actuar con más fuerza sobre el acceso. Los partidarios de la igualdad de posiciones ven en ellas la prueba de que la acción sobre el acceso por sí sola no basta, y que hay que estrechar las distancias para que el origen pese menos.
Qué cambia esto en un cuestionario
Preguntar «¿es usted favorable a la igualdad?» no separa esas dos posiciones: casi nadie responde que no. Distinguirlas supone situaciones concretas, en las que hay que elegir entre mejorar el acceso a una posición escasa y reducir la distancia entre las posiciones existentes.
A muchas personas les importan las dos, y no es una incoherencia. La pregunta útil no es cuál elige usted en principio, sino cuál privilegia cuando entran en conflicto, lo que ocurre en cuanto hay que arbitrar un presupuesto o una regla.
Una prueba que aplicarse
Tome una medida que mejore netamente el acceso de un pequeño número de personas a una posición muy solicitada, sin cambiar nada para las demás. Luego una medida que mejore modestamente la situación de un gran número, sin facilitar el acceso a las posiciones escasas. ¿Cuál le parece más justa?
La respuesta no dice si usted tiene razón, dice hacia cuál de las dos igualdades se inclina cuando hay que decidir. Es exactamente lo que mide una dimensión bien construida, y suele ser más esclarecedor que cualquier etiqueta.
Para recordar
La igualdad de oportunidades iguala las salidas, la igualdad de posiciones estrecha las diferencias de llegada.
Cada una legitima ciertas desigualdades y combate otras, con críticas simétricas y serias.
Ninguna de las dos es el bando de la libertad: llevada hasta el final, la igualdad de oportunidades exige muchas intervenciones.
Que importen ambas es corriente: la información está en el arbitraje cuando chocan.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
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