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Medir los vínculos

La escala que mide la soledad sin pronunciar la palabra

El instrumento de referencia, publicado en 1978 y revisado después, evita deliberadamente el término. Esa opción metodológica explica parte de las cifras que circulan.

Por M. Leduc, Medición de los vínculos socialesPublicado el 3 min

La construcción del instrumento

Daniel Russell, Letitia Anne Peplau y sus colegas publican en 1978 una escala compuesta de afirmaciones sobre la sensación de ser comprendido, de tener personas con quienes hablar, de sentirse al margen. El informante indica para cada una la frecuencia con que se le aplica.

Ninguno de esos ítems emplea la palabra soledad. Esa opción busca limitar el efecto de deseabilidad, puesto que declarar que uno está solo resulta socialmente costoso, y la propia palabra tiene connotaciones muy variables de una persona a otra.

La versión de 1978 solo contenía formulaciones orientadas en el mismo sentido, lo que la exponía a la tendencia de algunos informantes a asentir pregunte lo que se les pregunte. La revisión de 1980 introdujo ítems formulados en positivo, y a mediados de los años noventa siguió una tercera versión.

Qué mide la escala

Mide una distancia percibida entre las relaciones deseadas y las vividas, definición que Peplau y Daniel Perlman formalizaron a comienzos de los años ochenta. No es, por tanto, un recuento de relaciones, y una persona rodeada puede obtener una puntuación alta.

Es también la razón por la que la puntuación no está fuertemente correlacionada con el número de relaciones medido por otra vía, resultado encontrado con regularidad y olvidado con la misma regularidad en la difusión. Una persona con un círculo reducido que corresponde a sus expectativas obtiene una puntuación baja, y eso es exactamente lo que el instrumento está diseñado para registrar.

El problema de los umbrales

La escala produce una puntuación continua. Los porcentajes de personas declaradas solas que circulan suponen un umbral, fijado por los autores de cada encuesta y no por el instrumento, que nunca se concibió para clasificar a los informantes en dos categorías.

Dos encuestas que empleen la misma herramienta con umbrales distintos producen prevalencias muy diferentes, lo que explica la mayor parte de las diferencias entre cifras publicadas sobre un mismo país. Leer un porcentaje sin conocer su umbral equivale a leer una temperatura sin conocer la escala.

Las versiones cortas

Se han desarrollado versiones de tres ítems para las grandes encuestas, en particular por Mary Elizabeth Hughes y sus colegas en 2004, porque en ellas el espacio está contado. Están correlacionadas con la versión larga pero no miden exactamente lo mismo.

Las encuestas que cambian de versión de una ola a otra producen rupturas de serie difíciles de interpretar, dificultad señalada en varios informes metodológicos. Otros instrumentos, como la escala de Jenny de Jong Gierveld, se basan en otra concepción y no son directamente comparables.

Cuánto valen las comparaciones entre países

La traducción de los ítems modifica su alcance, y las normas de respuesta difieren: declarar que uno se siente al margen no tiene el mismo coste social en todas partes. Una misma palabra puede evocar una experiencia corriente en una lengua y una confesión en otra.

Las comparaciones de nivel entre países son, por tanto, las más frágiles del conjunto, mientras que las evoluciones en el tiempo dentro de un mismo país, con un instrumento constante, son mucho más sólidas.

Para recordar

La escala de referencia evita la palabra soledad para limitar la deseabilidad social.

Mide una distancia percibida entre relaciones deseadas y vividas, no un número de relaciones.

Las prevalencias publicadas dependen de un umbral elegido por cada encuesta, no por el instrumento.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

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