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Contener no es resolver

No dejar traslucir nada reduce lo que se ve, no lo que se siente. Una serie de experimentos realizados desde 1998 ha medido lo que cuesta esa operación.

Por I. Ferrand, Regulación y vida emocionalPublicado el 2 min

Dos momentos, dos operaciones

El psicólogo James Gross clasifica desde 1998 las estrategias de regulación según el momento en que intervienen. Reinterpretar una situación actúa antes de que la respuesta emocional esté instalada. Contener su expresión actúa después, sobre lo que ya está ahí.

Esa diferencia de calendario basta para predecir efectos distintos, y es lo que la siguiente serie de experimentos comprobó comparando ambas consignas sobre las mismas secuencias.

Lo que muestra el experimento

Unos participantes ven una película desagradable. Un grupo recibe la consigna de considerarla con la distancia de un profesional, otro la de no dejar traslucir nada, un tercero ninguna consigna. Se miden la expresión, la vivencia declarada y la activación fisiológica.

La reinterpretación reduce la expresión y la vivencia. La contención reduce la expresión, deja intacta la vivencia y aumenta la activación fisiológica. La operación cuesta, pues, algo sin cambiar nada de lo vivido.

Dos efectos menos esperados

Los trabajos siguientes añadieron dos observaciones. Las personas que contienen su expresión durante una conversación recuerdan peor lo que se ha dicho: vigilar el propio rostro moviliza una atención tomada de otra parte.

Y el interlocutor no se libra. Experimentos con parejas de participantes registran en quien tiene delante a una persona contenida una elevación de la presión arterial y menos ganas de establecer un vínculo. No mostrar nada produce una incomodidad que el otro percibe sin saber nombrarla.

La moraleja extraída demasiado deprisa

Esos resultados se han resumido en una consigna: reinterprete, no contenga. La fórmula olvida dos cosas. Las consignas eran impuestas, sobre episodios breves y sin apuestas. Y en la vida corriente nadie contiene porque ignore que se puede reinterpretar.

Se contiene porque la situación exige sostenerse: una reunión, un funeral, una ventanilla, un niño que mira. Esa exigencia forma parte del problema que la contención intenta resolver, y suprimirla por consigna no es una opción.

Lo que matizó después

George Bonanno ha defendido, a partir de sus trabajos sobre el duelo, la idea de que lo que mejor predice la adaptación no es el uso de una buena estrategia sino la capacidad de cambiar de estrategia según el contexto. Un estudio publicado en 2013 va en el mismo sentido: reinterpretar va acompañado de mejores indicadores cuando la situación escapa al control y de peores cuando se habría podido actuar.

Queda una constatación robusta, y es modesta: contener no es resolver. Es una operación útil, costosa y que deja intacto lo que se ha desencadenado.

Para recordar

La contención expresiva reduce lo que se ve, no lo que se siente, y eleva la activación fisiológica.

Degrada la memoria del intercambio y va acompañada de una incomodidad medible en el interlocutor.

Ninguna estrategia es buena en sí: lo que cuenta es la capacidad de cambiar según el contexto.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

El test Civix sitúa sus convicciones en seis dimensiones y lo vincula a uno de los doce perfiles, sin decirle nunca qué pensar.

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