La coherencia que uno se atribuye y la que realmente tiene
Nos contamos de buen grado como personas coherentes que aplican principios. Los trabajos sobre la introspección sugieren que el orden suele ser el inverso.
La explicación viene a veces después de la posición
Varios trabajos de psicología experimental han mostrado que las personas justifican con aplomo elecciones que no han hecho, cuando se les hace creer que las han hecho. Ese resultado, obtenido sobre preferencias simples, indica que la producción de razones es en parte independiente de la decisión que pretende explicar.
Eso no significa que nuestras razones sean falsas ni que nuestros principios sean fachadas. Significa que la sensación de haber razonado no es una prueba de haber razonado, y que la coherencia sentida es un mal indicador de la coherencia efectiva.
El fenómeno tiene una utilidad: producir razones permite comunicar, convencer, coordinarse. Lo que plantea problema no es la producción de razones, es tomarla por el relato fiel de lo que ha ocurrido en nosotros.
Lo que muestra la medida
En un cuestionario multidimensional, la mayoría de las personas descubre al menos una tensión: una exigencia fuerte en un eje que debería, en principio, traducirse en otro, y que no se traduce. Esas tensiones son la regla más que la excepción, incluso en personas muy informadas.
Se explican con sencillez. Nuestras posiciones se han formado en momentos distintos, sobre temas distintos, con informaciones distintas, y nada ha obligado nunca al conjunto a armonizarse. Una opinión no se deduce de un sistema, se acumula.
Coherencia lógica y coherencia de valores
Hay que distinguir dos exigencias a menudo confundidas. La coherencia lógica prohíbe sostener una proposición y su contraria. La coherencia de valores querría que todas las posiciones se derivaran de un mismo principio: es una exigencia mucho más fuerte, y nadie la satisface.
Los reproches de incoherencia versan casi siempre sobre la segunda, aunque tomen prestada la autoridad de la primera. Detectar ese deslizamiento basta para desactivar buena parte de las acusaciones de contradicción en el debate público.
Qué hacer con una tensión detectada
La primera tentación es hacerla desaparecer revisando la posición menos invertida, lo que produce una coherencia de fachada. La segunda es declararla inexistente, lo que la deja intacta. La vía útil es más modesta: examinar si ambas posiciones versan realmente sobre situaciones comparables, pues una diferencia de situación puede bastar para levantar la tensión aparente.
Cuando la tensión resiste ese examen, merece conservarse tal cual. Una posición sostenida con conocimiento de su tensión con otra es más sólida que un sistema alisado cuyas aristas se han cepillado para la demostración.
Por qué esto vuelve interesante un perfil
Un perfil perfectamente coherente, en el que todas las dimensiones apuntan en la misma dirección, es o bien señal de un pensamiento muy sistemático, o bien de una respuesta rápida alineada con una identidad. Ambas cosas existen, y la segunda es más frecuente.
Los perfiles más instructivos son los que comportan una o dos discordancias. Son ellas las que indican dónde la persona ha arbitrado realmente en lugar de seguir.
Para recordar
La sensación de haber razonado no es la prueba de haber razonado: las razones se producen a veces después.
Las tensiones entre posiciones son la regla, porque las opiniones se acumulan en lugar de deducirse.
Las acusaciones de incoherencia confunden coherencia lógica y coherencia de valores, que nadie satisface.
Un perfil sin ninguna discordancia señala a menudo una respuesta alineada con una identidad.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
Y usted, ¿dónde se sitúa?
El test Civix sitúa sus convicciones en seis dimensiones y lo vincula a uno de los doce perfiles, sin decirle nunca qué pensar.
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