Lo que las parejas no se dicen
Cada relación instala una lista de temas que ya no se abordan. Se constituye sin decisión, y lo que contiene dice más que lo que se dice.
Una lista que se escribe sola
Nadie decide un día no volver a hablar de dinero, de la familia política o de un proyecto abandonado. Se aborda un tema, la conversación se tuerce y no se retoma. Bastan unas cuantas repeticiones para instalarlo entre las cosas de las que no se habla.
La lista rara vez la conocen ambos del mismo modo. Cada uno tiene la suya y a veces descubre con sorpresa que el otro evitaba un tema que él creía simplemente sin interés.
La economía del silencio
Evitar un tema tiene una utilidad real: preserva el clima, evita una noche estropeada y permite tratar el resto. Una relación en la que todo estuviera permanentemente sobre la mesa sería agotadora, y la idea de que habría que decírselo todo no resiste el examen.
El problema no es, pues, la existencia de la lista, es su crecimiento. Cada tema retirado del ámbito discutible reduce la superficie en la que sigue siendo posible explicarse, y esa reducción es acumulativa.
Lo que produce la acumulación
Los trabajos sobre el conflicto conyugal describen un comportamiento asociado al deterioro: el repliegue, en el que se deja de responder. Suele aparecer tarde, tras una exposición prolongada a intercambios que no llegan a nada.
La evitación produce un efecto vecino por otro camino. Lo que no se dice no desaparece, resurge en conversaciones sin relación, lo que las vuelve incomprensibles para quien no tiene la clave. Una discusión sobre la compra casi nunca es una discusión sobre la compra.
Reabrir un tema cerrado
La dificultad reside en la antigüedad. Reabrir un tema evitado desde hace tres años equivale a anunciar que se llevaba tres años pensando en ello, lo que desplaza de inmediato la conversación al hecho de no haberlo dicho antes.
La única manera conocida de sortear ese efecto es nombrarlo de entrada, indicando que se reabre algo antiguo y por qué ahora. Eso no vuelve fácil la conversación, evita que verse sobre otra cosa que su objeto.
Lo que es razonable buscar
No una relación sin temas evitados, que no existe, sino una lista cuyo contenido se conoce. Saber que ya no se aborda tal tema, y por qué, es muy distinto de haberlo olvidado.
Ese conocimiento tiene una virtud práctica: permite decidir en lugar de padecer. Algunos temas merecen seguir cerrados, y la elección consciente de dejarlos ahí nada tiene que ver con la evitación automática.
Para recordar
La lista de temas evitados se constituye sin decisión, por simple repetición de intercambios que se tuercen.
Evitar un tema es útil; es la acumulación la que reduce la superficie en la que sigue siendo posible explicarse.
Lo que no se dice resurge en conversaciones sin relación, que se vuelven incomprensibles para el otro.
Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.
Y usted, ¿dónde se sitúa?
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