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Expectativas y malentendidos

Eso que llamamos una carencia

La palabra recubre al menos tres experiencias distintas, que no piden las mismas respuestas. Confundirlas es una fuente habitual de conversaciones sin salida.

Por P. Lefèvre, Historia de las sensibilidadesPublicado el 2 min

Una palabra para demasiadas cosas

Decir que falta algo es una de las frases más frecuentes en una relación que va mal, y una de las más difíciles de tratar. Designa un estado, nunca un objeto, y quien la escucha queda obligado a adivinar qué debería aportar.

El idioma no facilita la tarea: la misma palabra sirve para decir que algo falta, que alguien nos falta y que algo prometido no se cumplió. Tres situaciones sin relación, reunidas bajo una sola etiqueta.

La falta de intensidad

La primera forma es la desaparición del impulso de los comienzos. Es frecuente, está documentada y corresponde a un cambio bien descrito por los trabajos de Elaine Hatfield, que distingue el amor pasional, intenso y a menudo breve, del amor de compañía, más lento en instalarse y más duradero.

Lo que esos trabajos muestran es que ambas formas no siguen la misma curva. El paso de una a otra es, por tanto, frecuente, y se vive como una pérdida cuando describe un cambio de naturaleza. Eso no dice que haya que conformarse, dice que no se corrige como se corrige un error.

La falta de atención

La segunda forma es distinta: no es la intensidad lo que ha bajado, es la cantidad de atención recibida. Los días ya no se cuentan, las preguntas ya no se hacen, la presencia es física y la mente está en otra parte.

Esa se nombra y se repara, lo que la distingue netamente de la anterior. Exige, eso sí, ser identificada como tal: formulada en términos de sentimiento se convierte en un proceso de intenciones, mientras que formulada en términos de hechos se convierte en una petición admisible.

La falta de reconocimiento

La tercera forma es la más difícil de enunciar. No es el impulso ni la atención lo que falta, es la sensación de ser visto tal como se es y no en el papel que se desempeña. Aparece a menudo tras años, en relaciones por lo demás estables.

Explica por qué algunas personas dejan relaciones en las que nada va mal, y por qué su entorno no comprende su decisión. Desde fuera, no hay nada que reparar.

El interés de la distinción

Nombrar cuál de las tres está en juego no resuelve nada por sí mismo, pero hace posible la conversación. Una petición de intensidad, una de atención y una de reconocimiento no piden ni las mismas respuestas ni los mismos esfuerzos, y responder a una deja intactas las otras dos.

Es también una protección contra un error frecuente: tratar con gestos lo que correspondía a una conversación, o con una conversación lo que correspondía a tiempo pasado juntos.

Para recordar

La palabra carencia recubre al menos tres experiencias distintas: la bajada de intensidad, el déficit de atención y la falta de reconocimiento.

El paso del amor pasional al amor de compañía es un cambio de forma documentado, no una avería que reparar.

Identificar cuál de las tres está en juego no resuelve nada pero evita responder al lado, que es la suerte de la mayoría de esas conversaciones.

Este artículo describe mecanismos y desacuerdos documentados. No recomienda ninguna posición, ningún partido y ningún voto, y no compromete otra lectura que la de los trabajos que cita.

Y usted, ¿dónde se sitúa?

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